Sobre el agua potable

Dr. Germán Buitrón Méndez

El acceso al agua potable es una cuestión importante en materia de salud y desarrollo en los ámbitos nacional, regional y local. Teniendo en cuenta lo anterior se han desarrollado sistemas de potabilización. Desde la antigüedad se ha buscado incrementar la calidad de vida de la población proveyendo agua de calidad. En un principio, la atención se dirigió a desarrollar sistemas de distribución de agua. En la antigüedad, los romanos fueron los mayores arquitectos en construcciones de redes de distribución de agua. El sistema de tratamiento por aireación se utilizaba como método de purificación.

El crecimiento de la población, de la mano con la revolución industrial, generó en Europa el desarrollo de sistemas de potabilización modernos. El primer sistema de suministro de agua potable a una ciudad completa fue construido en Escocia, alrededor del año 1804. En 1806, en París, se instaló la mayor planta de potabilización de agua de la época. En estos primeros sistemas, el agua era separada de las partículas en suspensión, ya sea por sedimentación o por medio de filtros de arena y carbón activado. Actualmente, los sistemas avanzados de potabilización de agua, como el Acueducto II que surte de agua a la ciudad de Querétaro, incluyen una separación de las partículas, desinfección y filtración a través de filtros de arena y carbón activado.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, la gran mayoría de los problemas de salud relacionados de forma evidente con el agua se deben a la contaminación por microorganismos (bacterias, virus, protozoos u otros organismos). En términos generales, los mayores riesgos microbianos son los derivados del consumo de agua contaminada con excrementos humanos o animales (incluidos los de las aves).

Los excrementos pueden ser fuente de patógenos, como bacterias, virus, protozoos y helmintos. También pueden tener importancia para la salud pública otros microorganismos como las cianobacterias tóxicas y las legionelas. Para asegurar la calidad del agua se utiliza la desinfección que se realiza mediante productos químicos reactivos como el cloro. La desinfección constituye una barrera eficaz para numerosos patógenos (especialmente las bacterias) durante el tratamiento y distribución del agua de consumo. La desinfección reduce el riesgo general de enfermedades, pero no garantiza necesariamente la seguridad del suministro. Por ejemplo, la desinfección con cloro del agua de consumo tiene una eficacia limitada frente a los protozoos patógenos —en particular Cryptosporidium— y frente a algunos virus.

Los riesgos para la salud asociados a los componentes químicos del agua se deben principalmente a la capacidad de los componentes para producir efectos adversos sobre la salud tras periodos de exposición prolongados. La exposición a concentraciones altas de fluoruro, de origen natural, puede generar manchas en los dientes y, en casos graves, fluorosis ósea incapacitante. De modo similar, el agua de consumo puede contener arsénico de origen natural y una exposición excesiva al mismo puede ocasionar un riesgo significativo de cáncer y lesiones cutáneas. Otras sustancias de origen natural, como el uranio y el selenio, pueden también ocasionar problemas de salud cuando su concentración es excesiva. La presencia de nitratos y nitritos en el agua se ha asociado con la metahemoglobinemia, sobre todo en lactantes alimentados con biberón. La presencia de nitratos puede deberse a la aplicación excesiva de fertilizantes o a la filtración de aguas residuales u otros residuos orgánicos a las aguas superficiales y subterráneas. También debe tenerse en cuenta el riesgo para la salud asociado a la presencia en el agua de consumo de radionúclidos de origen natural, aunque su contribución es muy pequeña en circunstancias normales. Finalmente, el agua no debe presentar sabores u olores que pudieran resultar desagradables para la mayoría de los consumidores.

En México, un porcentaje muy alto de la población (mayor a 90%) se beneficia con acceso al agua corriente. Sin embargo, para una gran mayoría sólo es agua entubada, muy pocas veces filtrada y, todavía menos desinfectada adecuadamente. Existe un gran nicho de oportunidad para que la norma oficial mexicana, que marca los límites permisibles de calidad y tratamientos a que debe someterse el agua para su potabilización, se cumpla y por lo tanto se distribuya efectivamente agua potable en todo el país.

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