Siria, el riesgo de un nuevo ataque químico

Mauricio Meschoulam

Lamentablemente, veremos una nueva etapa de la crisis humanitaria siria.

Hace unos días, Rusia incrementó su presencia naval en Siria. Días atrás, Washington había advertido que Assad podría estar planeando un nuevo ataque químico y que, si esto ocurriera, EU nuevamente tomaría represalias. Así, mientras el presidente sirio inicia la ofensiva para recuperar Idlib, el último bastión importante de la rebelión; Moscú, su aliada, le acompaña en dos frentes: el de los bombardeos aéreos y el de la guerra informativa. Entretanto, la ONU advierte de una nueva crisis humanitaria en el drama sirio a raíz de esta ofensiva. Así que vale la pena aclarar en qué punto de la guerra nos encontramos.

Primero, el conflicto sirio no es una guerra a dos bandos. Hablar de “los rebeldes” como un cuerpo unificado ha sido una de las trampas discursivas que menos contribuyen a la comprensión de lo que en este país ocurre. En la rebelión combaten milicias denominadas “laicas”, milicias islámicas locales y organizaciones jihadistas. Efectivamente, varias de estas milicias emplean tácticas de terrorismo clásico contra civiles. Otras veces, sin embargo, se unen a combatientes que utilizan tácticas de guerrilla contra de las fuerzas leales a Assad. La ONU ha documentado, en efecto, que algunos de estos grupos rebeldes han perpetrado ataques químicos en el pasado. Sin embargo, de acuerdo con ese organismo y con la Organización para la Prohibición de Armas Químicas, las capacidades logísticas de estos grupos son muy inferiores a las del ejército sirio y, por tanto, cada vez que ha ocurrido algún ataque químico mayor, el responsable ha sido dicho ejército.

En la esfera internacional, la rebelión ha sido apoyada mediante armamento y financiamiento por Turquía, Arabia Saudita y Qatar, con un respaldo, en menor medida, de EU y otros aliados. En el lado opuesto, Assad ha sido respaldado por Rusia y por Irán. Con lo anterior, la guerra vivió años de una especie de empate hasta 2015. Cuando Moscú se percató que la derrota de su aliado era una posibilidad completamente real, decidió entrar a ayudarle ya no solo con financiamiento y con armas, sino con una importante intervención militar, lo que finalmente rompió el empate en favor de Assad.

Ahora bien, EU ha preferido no intervenir directamente en el conflicto salvo por dos excepciones: (a) el combate contra ISIS y (b) el uso de armas químicas por parte de Assad. Esto nos regresa a Idlib y a la situación actual. Hay quien cuestiona la lógica de Assad para llevar a cabo ataques químicos siendo que esto le puede ocasionar represalias por parte de Washington y sus aliados. Sin embargo, hasta ahora, dichas represalias de EU han sido muy limitadas y difícilmente funcionarán como factor disuasivo. En contraparte, los ataques químicos parecen haber sido altamente eficaces en distintos momentos de la guerra en términos de liquidar de golpe determinadas posiciones rebeldes.

En suma, la ofensiva de Idlib ya ha iniciado. Dadas las circunstancias, en especial si esta ofensiva se prolonga, no es imposible que Assad utilice armamento químico contra la rebelión, lo que, como siempre, será negado por él. Si esto ocurre, es probable que EU y sus aliados lancen nuevas represalias contra el presidente sirio. Rusia, mediante el incremento de su presencia naval, está buscando si no disuadir esas represalias, sí limitarlas. Al final, con toda seguridad, Assad recuperará Idlib, y, lamentablemente, veremos una nueva etapa de la crisis humanitaria siria ocurrir ante nuestros ojos. ¿Habrá, en estos últimos días, la inteligencia y capacidad suficientes para evitar estos escenarios que describo?

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