Sentir, pensar, decir y hacer.

Rodrigo García Santana

¿Cuántas veces hemos tenido proyectos grandes en la vida? Metas altas, incluso metas que la mismas personas que nos rodean no creen que sean realizables, o al menos que nosotros podamos llevarlas a cabo. Y, ¿cuántas veces hemos fracasado en alcanzar esas metas que podrían ser personales, emocionales, de pareja, trabajo y  empresariales? Seguro en muchas ocasiones estamos a punto de lograrlo cuando, de repente, se desvanecen como cenizas en nuestras propias manos.

Pues bien, en este artículo quiero platicar sobre que somos lo que pensamos. Nuestra mente tiene alcances inimaginables que no conocemos, un pensamiento positivo genera energía positiva y debemos combinarlo con nuestras acciones en cuatro vertientes, las cuales, en lo personal, describo así: SPDH, es decir: sentir, pensar, decir y hacer.

Estas cuatro vertientes van entrelazadas para poder otorgar el mejor de los resultados en nuestro diario vivir. Me refiero a combinar siempre  lo que sentimos con lo que  pensamos, con lo que decimos y hacemos. Bajo estas vertientes debemos generar un equilibrio con todos.

Para poder alcanzar las cuatro vertientes es importante eliminar toda barrera mental que se interpone entre nosotros y lo que sentimos. Para mí, la raíz de todo  significa que siempre debemos estar en un estado consiente en el cual creemos poder llevar a cabo lo que nos propongamos, aun así sea algo grande debemos eliminar esa barrera mental del “no se puede hacer” y convertirla en “yo puedo lograrlo”.

Lo anterior lo explico porque muchas personas piensan que pueden lógralo. Es más, así lo expresan, es decir,  lo piensan, lo dicen, pero por algo no  lo hacen. Esto quiere decir que ellos mismos no estaban convencidos que lo podrían alcanzar. Por ello es el punto principal es el sentir que pueden lograrlo (Primer Vertiente). No tienen que convencer a los demás, solo a uno mismo.

Es ahí donde el auto saboteo llega de manera voraz y corta toda gran meta que nosotros nos planteamos impidiendo que lo llevemos a cabo. Pero una vez vencido el auto saboteo  (que sin duda es tema de otra columna), llegamos a la segunda vertiente: “pensar”. Es ahí donde se genera un momento mágico lleno de positivismo que nos invita a visualizar el cómo podremos llevarlo a cabo y se hace fuerte.

La tercera vertiente: “decir”, es compleja debido a que, una vez más, entre la gente con la que compartimos el proyecto más dudas hay, inseguridades que nos darán temores de  llevarlo a cabo. Es aquí donde mucha gente se estanca, tienen ya todo lo que se proponen, pero puede más lo que digan los demás. La idea es no desistir. En esta vertiente o se hace más fuerte lo que queremos o tristemente se desvanece. Una vez generado lo anterior, sea como sea que la hayamos pasado, llegamos a la cuarta vertiente: “hacer”.

Ahora sí, todo lo que sentimos, lo que pensamos y lo que dijimos debe manifestarse  en acciones que nos orillen a lograr nuestro proyecto u objetivo. En las vertientes debimos haber visualizado todo lo que requeríamos para estar aquí y accionar, no desesperen, recuerden que entre más grande sea lo que desean, más paciencia debemos tener.

Convéncete de seguir estos pasos, no debemos sentir temor por lo que esperamos de nosotros, mucho menos de algo que nos ayudará a estar tranquilos. Elimina las barreras mentales y lograrás  lo que te propongas.

Les comparto esta frase de Dante Gebel: “cuando quieras emprender algo, habrá un montón de gente que te dirá que no lo hagas. Cuando vean que no te pueden detener, te dirán cómo lo tienes que hacer y, cuando finalmente lo logres, dirán que siempre han creído en ti”.

¿Y tú ya fortaleciste la primera vertiente? Reflexiona y actúa.

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