Santa Inquisición

Fuimos, pero la placa ya no existe o ha sido cambiada de sitio. Ahora si, como rezaba el slogan de aquel famoso segmento del programa de los setenta, “Domingos Herdez”: “¿Alucinación, verdad o ficción?” Reitero: todo esto sucedió tal y como lo cuento. Puede ser creíble o no, pero … como dijo una de las Poquianchis: Por Dios que así fue.
12/07/2019
09:09
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Esto me sucedió tal y como lo cuento: allá por 1977.  Junto con Gustavo, Heriberto, Alejandro y Paco formamos un conjunto musical, con el que a lo largo de más de cinco años, amenizábamos fiestas, reuniones, tocadas en la Alameda Central de la Ciudad de México, y hasta mítines políticos. 

Pero lo que quiero compartir es que un día que andábamos en busca de una batería, buena, bonita y barata para que mi tocayo Gus la aporreara con singular alegría a la hora de las tocadas.

Fuimos a la Plaza de Santo Domingo, ya que habíamos ido a recoger unas cintillas impresas con nuestros teléfonos para futuras contrataciones. 

Como yo había visto que en uno de los veintitantos bazares de la calle de República de Perú (a espaldas del Templo de Santo Domingo) había una batería de oferta, hacia allá nos dirigimos. 

Al cruzar de la plaza hacia el templo, pudimos percatarnos de que, precisamente junto a éste, había una especie de andador para ir hacia el bazar, así que por ahí nos enfilamos. 

Estábamos pasando por el arco que sirve de entrada a la arcada que hay a un costado del templo, cuando de repente sentí una especie de desvanecimiento. 
— ¿Qué te pasa?—, me preguntó Heriberto mientras me sostenía. Pasados unos segundos, abrí los ojos y ya todos ellos me rodeaban. 
—¿Qué me pasó?—, ahora pregunté yo. 
— Pues nada más te fuiste enconchando (adoptando una posición fetal)—, me explicó Heriberto— como si te fueras a caer, por eso te sostuve. 
— No sé —le dije— de pronto todo se tornó negro, y mientras tú me sostenías yo sólo escuchaba gritos, muchos gritos como de una muchedumbre exaltada y a pesar de tener los ojos cerrados, podía percibir enormes llamas y la luz que producen las llamas al generarse, como de una hoguera gigante. 
—Mira— me dijo Alejandro—, mientras te sientes mejor, recárgate aquí, y me acomodó en la base del arco que estaba a medio metro de donde nos encontrábamos. 

Me sentía bien, así que les dije “ya vámonos”. En ese momento levanté la vista y pude leer la placa que estaba centímetros arriba de mi cabeza: “En este sitio, estuvo ubicada la hoguera de la Santa Inquisición, del año de Mil Quinientos y Tantos hasta el año de Mil Setecientos y tantos)”.
¿Qué? No lo podía creer. 

—Chale mi Gus— me dijeron— ¡Como que te asomaste a otra dimensión! 

De inmediato todos hicieron comentarios graciosos sobre que si no debería  fumar cosas raras, tomármelas muy cargadas, etc… todo enfocado a minimizar el hecho y, sin más, nos fuimos a donde teníamos que ir sin comentar más sobre el extraño suceso. 

Hace poco más de diez años, estando en la SEP (muy cerca del lugar mencionado) esperando para entrar a un evento, le pedí a una de mis compañeras que me acompañara al sitio en cuestión (nos encontrábamos haciendo fila a unos cincuenta metros de ahí).

Fuimos, pero la placa ya no existe o ha sido cambiada de sitio. Ahora si, como rezaba el slogan de aquel famoso segmento del programa de los setenta, “Domingos Herdez”: “¿Alucinación, verdad o ficción?” Reitero: todo esto sucedió tal y como lo cuento. Puede ser creíble o no, pero … como dijo una de las Poquianchis: Por Dios que así fue.

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