Sabiduría: material y ética

Arnoldo Kraus

La riqueza del “saber material” es enorme y la necesidad del “saber ético” es cada vez mayor

Médico

Las bonanzas de la tecnología son ilimitadas. El interés por la ética laica es mínimo. La “sabiduría material” crece sin cesar, no así las influencias de la “sabiduría ética”.

El “saber material” es glamouroso: genera dinero y fama; el “saber ético” es incómodo: siembra preguntas. Cavilar en los desastres generados por los usos inadecuados de la tecnología y la biotecnología —contaminación ambiental, pérdida de praderas marinas, calentamiento global— es, sobre todo en la era Trump, indispensable. En Medicina el “saber material” debe siempre dialogar con el “saber ético”. Limito las siguientes líneas a bretes médicos.

Seis razones para cavilar acerca de las bondades y los problemas de las pruebas genéticas. 1. La confidencialidad médica pierde terreno. Imposible saber si los dueños de la información no la compartirán con compañías aseguradoras o patrones. 2. A las compañías aseguradoras que ofrecen protección médica o seguros de vida les conviene tener el mayor número de datos del contratante con la finalidad de aumentar las primas o simplemente no suministrar el servicio; entre más enfermo el solicitante, mayor el negocio. 3. En un mundo donde poco a poco “todo se sabrá de todos”, ¿qué sucederá cuando patrones o empresas exijan los datos genéticos de sus empleados o de quienes solicitan trabajo? La respuesta es obvia: seguramente no emplearán a aquellos que tengan el riesgo de padecer en el futuro mediato enfermedades como Alzheimer u otras patologías. 4. Muchos de los datos ofrecidos por el estudio genético pueden, en la actualidad, ser inútiles, ya que para algunas de las enfermedades detectadas —esclerosis múltiple, cardiomiopatías— no hay cómo prevenir. 5. Enterarse de la susceptibilidad para desarrollar enfermedades genéticas puede devenir daño psicológico. ¿Quién se hará cargo de esas mermas? 6. Dada la creciente mercantilización de la medicina y el poco apego a principios éticos, ¿qué ocurrirá con los pacientes hipocondríacos a quienes se les informe, por ejemplo, que tienen la posibilidad de desarrollar cáncer de colon?, ¿se aceptará la sugerencia del médico de someterse cada año a una colonoscopía?

La riqueza del “saber material” es enorme y la necesidad del “saber ético” es cada vez mayor. Ambos saberes deberían caminar juntos para impedir que el “saber material” se convierta en una empresa lucrativa sin sopesar los daños emanados por mal enfoque o mala distribución. Ése es el reto. Aunque en la era Trump y del internet la solución parezca imposible.

 

 

 

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