Rumbo al abismo

Ana Patricia Fernández

En innumerables ocasiones hemos hecho hincapié en este espacio que la vida y el fútbol son muy similares. Tanto en el andar cotidiano como en el deporte más hermoso del mundo -al menos al parecer de esta humilde servidora- tienen complicaciones y momentos de tensión. Los momentos difíciles son parte de la cotidianeidad de la vida misma y en ésta ocasión quisiera compararlo con la selección mexicana de futbol.

Es bien sabido que el aficionado mexicano no tiene memoria, así como un día puede llevar a la gloria a un atleta, al día siguiente lo humilla y le recalca todos sus defectos, sin embargo, en ocasiones es inevitable. Y sí, como seguro ya sabrán por dónde va la cosa, les confirmo que me refiero al seleccionador nacional, Miguel Herrera.

Y es que hace apenas un año, Herrera era símbolo de triunfo y de dominio para los aficionados americanistas h antiamericanistas. Miguel había demostrado que para ser el mejor era necesario ganarle a los mejores y fue justo lo que hizo mientras encabezó el banquillo azulcrema, pero -a mi parecer- nadie le avisó que la selección era un monstruo aún más grande que una águila real.

La presión tanto de aficionados, como federación y, sobre todo, de patrocinadores es el pan de cada dia. Aquí no importa el resultado, importa gustar, desplegar buen fútbol, golear y "humillar" -deportivamente hablando, claro- al rival. Y no quiero que piensen que a los rivales de todo el mundo, pero por lo menos -y si no es mucho pedir, por supuesto- a los de la cómoda zona de CONCACAF.

Los que pudieron observar el partido de la selección ante Trinidad y Tobago el pasado miércoles -y que optaron por el TRI antes que por Tigres en libertadores-  no me dejarán mentir. Fue verdaderamente penoso, y no menospreciar a la selección rival, sino por la manera en que un combinado de menor nivel te exhibió y puso en entredicho el triunfo que -en teoria y erróneamente- estaba ganado desde antes de que iniciara el partido.

Que si el árbitro, que si la cancha, que si las lesiones...qué más da, al final el discurso se está convirtiendo en el mismo cada vez que las cosas no pintan bien.

Ayer por la mañana leía a un colega por una red social que decía que "le exijamos a nuestra selección con respecto a lo que ha ganado a lo largo de su historia, que no esperemos nada más". No supe cómo reaccionar emocionalmente hablando, pero un atisbo de enojo sí apareció, pues... ¿Si no esperamos cosas mejores cada vez, entonces cuándo podremos vivir un quinto partido o, en un futuro lejano, ser campeones del mundo y no simplemente soñarlo?

Bien dicen que en gustos se rompen géneros, pero a mí parecer lo mínimo que podemos exigirle a la selección es ser la mejor de su propia zona y partiendo de esa base buscar dar pelea en las afueras.

CON POSIBILIDADES

Ya en otros temas un poco más agradables, hablemos de Tigres. Sin duda alguna un equipo que alzó la voz sin hablar, simplemente con resultados deportivos y con refuerzos de alta calidad. Hoy los pupilos del 'Tuca' Ferretti están por colarse a una final dentro de la Copa Libertadores y eso no es simplemente un tema menor. Los felinos dan muestra a la propia selección de su país de que con trabajo y esfuerzo, se pueden lograr grandes cosas.

TIEMPO AGREGADO.

Mientras tanto Gallos Blancos afina detalles para iniciar la Liga Mx con el objetivo claro de, al menos, igualar lo mostrado en el pasado Clausura 2015. Estarán por disputar su último encuentro ante Pumas los próximos días y se encontrarán oficialmente listos para encarar al Altas en la primera jornada de la competición.

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