Respeto a la ley: de todos y ante todos

Es cierto que en muchas ocasiones la ley es imperfecta e incluso negativa. Para eso existe la división de poderes y para eso existe el poder legislativo: para mejorar la ley, para que la ley evolucione, para derogarla o para abrogarla
24/04/2019
08:00
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En la historia hay seres ordinarios y seres extraordinarios. Los seres ordinarios, la masa de la gente, son los simples mortales que caminan sobre la tierra. Para ellos existe la ley y ellos están obligados a cumplirla. Sin embargo, muy de vez en cuando, surgen seres extraordinarios llamados a transformar la realidad. Estos humanos extraordinarios pueden –y deben– infringir la ley en aras de buscar salvar al mundo.

Estas palabras no son mías, por supuesto. Estas palabras resumen la teoría que utiliza Rodión Románovich Raskólnikov –protagonista de la gran novela de Fiódor Dostoyevski, “Crimen y Castigo”– para justificar el brutal homicidio de una anciana; y son palabras que perfectamente pueden definir la postura del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, al justificar el memorándum mediante el cual pretende “dejar sin efecto” todas las medidas de la reforma educativa.

No se trata de un tema menor. Que el presidente de un país se considere un ser humano extraordinario que puede –y debe– estar por encima de la ley para buscar la justicia, es uno de los indicadores más claros de que se está entrando en un camino sin retorno. En un camino muy peligroso.

Lo que quiero decir y dejar muy claro, es que si en México nos desvinculamos del derecho, si permitimos que alguien, incluso el presidente, esté por encima de la ley, en ese momento cualquier acto, por muy detestable que sea, estará justificado.

Durante décadas, en México se ha trabajado para lograr ser un país institucional, un país donde se garantiza el Estado constitucional de derecho. Aún estamos lejos de lograrlo, pero grandes hombres y mujeres han dado incluso la vida por avanzar en esa dirección.

Ser un país institucional y un país donde se garantiza el Estados de derecho pasa por asumir como un principio inamovible el que nadie, absolutamente nadie, está por encima de la ley. Los particulares seguimos haciendo todo aquello que la ley no nos prohíba y las autoridades todo aquello que la ley expresamente les faculte.  

Partiendo de este principio, todo se puede construir. En cambio, si alguien se ubica por encima de la ley, si existe un régimen de excepción donde para unos la ley es obligatoria y para otros la ley es optativa, es imposible construir un México justo, honesto y fraterno.

Es cierto que en muchas ocasiones la ley es imperfecta e incluso negativa. Para eso existe la división de poderes y para eso existe el poder legislativo: para mejorar la ley, para que la ley evolucione, para derogarla o para abrogarla.

En este sentido, la modificación de la ley debe hacerse mediante los caminos que marca nuestra Constitución; de lo contrario estaríamos ante un acto fuera de la ley y, por lo tanto, un acto que atenta contra los fundamentos del Estado mexicano.

Por muy buenas que sean las intenciones del presidente, no podemos permitir que su ejecución vaya en contra de nuestro orden constitucional. Porque algún día sus intenciones podrán no ser buenas o el próximo presidente podría utilizar este inmenso poder para ser un tirano. Y entonces, sin la protección de la ley, México no tendrá nada para defenderse. 

 

Diputado federal por Querétaro

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