Rendición de cuentas

Carlos de los Cobos

“A la memoria de Arnaldo Córdova, hombre de convicciones, para quien la política tenía que ser democrática porque de lo contrario dejaba de serlo”.

El día de ayer, el presidente municipal de Querétaro, Lic. Roberto Loyola Vera rindió ante el H. Ayuntamiento su segundo Informe de Gobierno en las instalaciones que albergan el Centro Cívico, en el moderno sur de la ciudad.

En esta ocasión, dividiré la exposición de lo efectuado por el Presidente en tres ejes: el trabajo realizado, la sensibilidad social, y el cumplimiento de una obligación constitucional y la satisfacción de un derecho ciudadano.

El trabajo realizado. El Presidente fue claro y precisó no solamente las obras, ni números fríos sino que concretó, como es su costumbre, los resultados alcanzados en este ejercicio, los cuales, además de la obra pública y social realizada, se centró en la atención a grupos vulnerables.

Sensibilidad social. En efecto, el Lic. Loyola tiene una gran ocupación con las personas menos favorecidas, no se necesita informar, los hechos fueron evidentes: el Presidente atendió de manera personal las inundaciones provocadas por los fenómenos meteorológicos acaecidos en nuestra ciudad, y al percatarse de la magnitud del problema reorientó el gasto para atender los problemas urgentes de la ciudadanía. Esto se explica por sí mismo.

Efectivamente, los retos y los problemas son variados, máxime en una urbe como Querétaro que está creciendo de manera vertiginosa y las necesidades por satisfacer siempre estarán presentes, no obstante, en el actual Presidente se observa una gran virtud: el cumplimiento de los compromisos. Hay quien dice que en “política los compromisos se hacen para no cumplirse”, en esta administración la lógica es distinta, se han cumplido metas fijas y concretas, funcionales y necesarias para la ciudadanía con un enfoque de Derechos Humanos, esto es, la persona como centro de atención, lo que coloca a la capital a la vanguardia nacional.

Por último, como constitucionalista, no puedo pasar desapercibido lo que observé en el informe. Ya no es el día del Presidente, en donde todo era complacencia. Hoy, la sociedad civil organizada y la oposición política entendida en el mejor de los sentidos, exigen realmente una rendición de cuentas, la cual es una obligación para la autoridad y un derecho para el ciudadano, quien con sus aportaciones económicas y demandas sociales contribuye a la mejora de su entorno.

La transparencia, la rendición de cuentas y el acceso a la información han sido ejes muy claros en la administración, además de ser derechos fundamentales necesarios para construir una democracia. En una sola palabra definiría el informe de ayer: la entrega de resultados sin aspavientos, en una ceremonia de Estado, republicana y sobria en cuanto a gastos se refiere. La convocatoria en el segundo informe incorporó autoridades de los tres órdenes de gobierno y de los distintos Poderes de la entidad y de otros estados de la federación, así como a distintos líderes y representantes de la sociedad civil.

Celebro también la discrepancia y el ejercicio de la libertad de expresión de quienes tienen otra visión de las circunstancias, finalmente como decía el poeta, “todo depende del cristal con que se mira”; mi única objeción es que, constitucionalmente, no existe el derecho al insulto, podemos disentir y opinar de manera diferente, pero en un diálogo inteligente que converja en puntos clave, ello es vivir en democracia: partir de los puntos contrarios y arribar a un justo medio. Lo anterior lo expreso con tristeza, porque no debería suceder que actores y personajes intenten burlarse de las instituciones y de la tragedia de la propia ciudadanía, pues como decía Schopenhauer, “cuando se acaban los argumentos, comienzan los ataques”, reprobable aún más, quienes actúan por consigna para envilecer una discusión o demeritar al contrario.

Se dice que para que exista democracia debe haber demócratas, y para ello necesitamos el ejercicio de la libre expresión de ideas responsable y que conduzca a resultados concretos, más allá de nuestras apreciaciones personales, las cuales de ninguna forma tienen que ser impuestas. Al contrario, tenemos que aprender a discutir para construir.

Doctor en Derecho por la Universidad Panamericana y especialista en justicia constitucional.

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