Religión, política e individualidad (Segunda parte)

Este modo natural de mirar y juzgar las cosas es necesario y parece fácil; sin embargo, expone al hombre a mil errores que a menudo le humillan y le amargan la existencia
24/04/2019
08:06
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“Morder decididamente con éxito es favorable en ejercicio de la justicia… Cuando hay limitaciones que te frenan en tu camino, no hay culpa”
 I-Ching, El Libro del Cambio

Si el hombre siempre ha tenido miedo a lo desconocido, a través del tiempo fue necesario inventar o tratarse de explicar de acuerdo a su evolución, todo lo que no es entendible para su mente y corazón. Por ello, concibió diversas religiones. Con esto atribuyó en la antigüedad, deidades del fuego, la lluvia, la naturaleza, su existir en esta vida y negar o bien, aceptar que existe algo más allá de la muerte; un instinto de eternidad siempre le ha consolado.

Con el devenir de los años y en su afán de encontrar “la verdad” y respuestas a ¿Quién, soy, de dónde vengo y a dónde voy? Las veredas hacia su entendimiento se encontraron en filosofías y religiones; así inició un viaje al interior de su existencia. 

Al expresar Johann Gottlieb Fichte, en el otoño de 1813 sus puntos de vista en el libro “Introducción a la ciencia del conocimiento”, como fruto de una vida consagrada enteramente al servicio de la verdad, comenzó con estas palabras: “Esta ciencia presupone un órgano sensorio interior completamente nuevo, a través del cual se revela un mundo nuevo, desconocido para el hombre ordinario” y luego por medio de una comparación, mostró cuán incomprensible habría de parecer su filosofía a quien pretendiera juzgarla de conformidad con lo que revelan los sentidos ordinarios: “Suponed un mundo de ciegos de nacimiento, que sólo conocen lo que el sentido del tacto les permite percibir de las cosas y de las relaciones entre ellas. Introducíos entre ellos y habladles de colores y demás fenómenos existentes únicamente por la luz y para la vista. 

Es posible que vuestras palabras no les digan nada, en cuyo caso es mejor que lo manifiesten para que vosotros o deis cuenta de vuestro error, y al menos de poder dotarles del sentido de la vista, interrumpáis tan inútil discurso…”.

Según Goethe, tan pronto como el hombre nota la presencia de objetos en torno suyo, los considera en relación consigo mismo, y con razón, puesto que todo su destino depende de si le gustan o le desagradan, se si le atraen o le repelen, de si son útiles o le perjudican. 

Este modo natural de mirar y juzgar las cosas es necesario y parece fácil; sin embargo, expone al hombre a mil errores que a menudo le humillan y le amargan la existencia. Tarea mucho más difícil es la que emprenden los que, ávidos de conocimiento, se avergüenzan en observar lo natural en sí mismos y en sus mutuas relaciones, pues pronto echan de menos el patrón que les servía mientras juzgaban el mundo en relación consigo mismo. 

Es decir, los humanos, por explicarlo en términos modernos, estamos programados en nuestro “disco duro” por las creencias de nuestros ancestros. Nuestros padres, hermanos y sociedad en general, nos indican cómo debemos de ser; cómo comportarnos y cómo vivir y hasta comer y vestir.

Es aquí en donde con mayor énfasis comenzamos a dividir: Lo malo y lo bueno; lo placentero y lo que nos causa daño; lo cierto y lo falso; tu ciudad y la mía; tu familia y las otras; tu religión y la mía (Decía mi malogrado Facundo Cabral: “Si yo no te toco el culto, porqué me tocáis el mío”); tu país y en mío; lo mío y lo tuyo; el yo y el otro. Así comenzamos a dividir y por lo tanto a diferir del mundo que nos rodea, ocasionando estériles discusiones y lo peor: Las guerras por defender lo…nuestro. Reflexiona, ni un solo pelo de tu cabeza hiciste, lo que significa que esa blusa, camisa, falda o pantalón que llevas, ya es una ganancia y al desplegarse la única y verdadera democracia a quien llamamos “muerte”, nos iremos de este mundo, igual como llegamos: Totalmente desnudos.  Por lo expuesto, el hombre (género) es ciudadano de tres mundos: por su cuerpo pertenece al mundo que percibe justamente mediante su cuerpo; por medio del alma se construye su mundo propio; por su espíritu se le revela un mundo superior a los otros dos. (Continuará). 

 

Especialista en Derecho del Trabajo
 y Seguridad Social

Especialista en Derecho del Trabajo y Seguridad Social
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