Reelección anunciada: Vladimir Putin

Jean Meyer

Hace dieciocho años que el hombre se encuentra en la cumbre del poder en el Estado más extenso del mundo, casi un continente

Hoy, los rusos reeligen a su presidente, Vladimir Vladimirovich. Se presenta como candidato independiente, encima de los partidos, encima de su partido. Hace dieciocho años que el hombre se encuentra en la cumbre del poder en el Estado más extenso del mundo, casi un continente. “Está Putin, y está Rusia, sin Putin no habrá Rusia”, dijo en 2014, al final de su discurso, Viacheslav Volodin, primer asesor de la administración presidencial.

Ciertamente, presenciamos un caso espectacular de personalización de un gran país, de una potencia mundial y de su presencia activa en el escenario internacional. ¿Antecedentes o comparaciones? A uno se le viene en seguida a la mente los nombres de Napoleón, Mao, Castro… y otros más. Según Dmitri Filimonov, el ejercicio del poder en la Rusia post soviética, ejercicio flexible y pragmático, por lo mismo cambiante y sorprendente, no se entiende sin “la representación de la figura de Putin como único elemento estructural y estructurante… columna vertebral del Estado y de la sociedad rusa”. Partidarios y adversarios del régimen están de acuerdo en este punto.

Un inglés que vivía en Rusia en 1844 escribía, a propósito del emperador Nicolás I, admirado por Putin, lo siguiente: “No tenemos ninguna antipatía personal contra quien dirige a Rusia; un largo estudio de su carácter y de sus acciones nos ha convencido que, si la figura del tirano es más completa en él que con sus predecesores, el hombre no es peor. Su tiranía es más completa, porque su poder es más vasto… Usa el instrumento del despotismo oriental con una inteligencia toda europea, y sus pasiones, así como sus instintos, orientados hacia la consolidación del poder absoluto, no lo distraen nunca de la meta”. (Revelations sur la Russie ou l’empereur Nicolas et son empire).

Con ligera adaptación, el diagnóstico puede aplicarse al “nuevo tsar”, al “tsar Vladimir”, título que los periodistas gustan de emplear. El historiador debe subrayar que la Rusia de Putin ha recuperado su lugar en el mundo y la continuidad con su pasado glorioso; la intervención en Siria no es una novedad, desde el siglo XVIII los sultanes otomanes habían reconocido a Rusia la protección de los cristianos orientales. La presencia del ejército ruso en Siria manifiesta que Rusia tiene algo que decir al mundo y que es capaz de actuar contra el monopolio occidental de “operaciones para mantener la paz”.

La intervención en Siria ha sido bien recibida por la mayoría de los rusos porque el ejército soviético, no se ha topado con la resistencia que encontró en Afganistán, entre 1979 y 1988. La victoria, y las otras victorias ganadas por Putin en el campo internacional, son un bálsamo para una nación que, después de una cataclísmica salida del comunismo, se sintió injustamente ninguneada por los occidentales. La opinión pública siente que los Estados Unidos y la ingrata Unión Europea trabajan para debilitar a Rusia, olvidando que le deben la victoria sobre el nazismo. La gloria del presidente Putin es haber denunciado esa profunda injusticia histórica; las sanciones económicas adoptadas por el Occidente a partir del conflicto con Ucrania y anexión de Crimea confirmaron la idea del complot contra Rusia y, lejos de debilitar a Putin, lo han confortado en su papel de hombre fuerte capaz de golpear a los enemigos: la popularidad de Putin subió un 20% en pocas semanas y no ha vuelto a bajar.

Asegurada su reelección, el presidente enfrenta grandes retos, adentro y afuera; los retos internos, empezando por la corrupción que preocupa a los rusos, serán, posiblemente, más difíciles que los externos, y los probables éxitos exteriores servirán para tapar el inmovilismo interior. Hay un abismo entre la pujante capital moscovita y los hospitales de la Rusia profunda sin calefacción, los pueblos que no tienen más agua que la del pozo. Que tenga cuidado el Señor Presidente, porque, algún día, la decepción, el desencanto podrían ser más fuertes que su imagen de hombre viril y piadoso, capaz de golpear a los enemigos occidentales.

 

Investigador del CIDE.
[email protected] cide.edu

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