Razón de Estado

Norberto Alvarado Alegría

El proceso penal iniciado contra Elba Esther Gordillo por operaciones con recursos de procedencia ilícita y delincuencia organizada, que desencadenó la aprehensión de la lideresa del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación —por cierto, la asociación sindical más grande y poderosa de América Latina con más de 1.5 millones de agremiados— ha sido la noticia más impactante del recién iniciado sexenio del presidente de la República, Enrique Peña Nieto.

La detención de la maestra es vista por la gran mayoría de los ciudadanos como un acierto del gobierno federal y un gran número de voces comienza a exigir que este episodio se repita con algunos otros líderes sindicales y figuras políticas de muy mala reputación.

Los funcionarios panistas de los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón han guardado silencio sepulcral respecto de los hechos que dieron origen a la detención de Gordillo Morales y que se supone fueron realizados durante esos 12 años pasados, si no con la complacencia de los gobiernos federales, si al menos con su conocimiento. A pesar de que el senador Ernesto Cordero Arroyo, entonces titular de Hacienda y Crédito Público, haya declarado que durante el sexenio calderonista, no se dieron cuenta de los ilegales desvíos financieros, esto resulta increíble para la sociedad mexicana, ya que la información que sirvió de base para elementar la averiguación previa que fue consignada ante las autoridades judiciales, se basa en las investigaciones de la Unidad de Inteligencia Financiera de la propia Secretaría de Hacienda.

Por otro lado, hay quienes ven con reserva esta acción en contra de una de las figuras más poderosas del sindicalismo mexicano. Un número importante de actores políticos y académicos de la izquierda intentan equiparar la detención de Elba Esther Gordillo con el episodio conocido como Quinazo que tuvo por objeto la detención de ex líder petrolero Joaquín Hernández Galicia, durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, y que por cierto, fue sustituido por Carlos Romero Deschamps, quien cada día pierde bonos frente al nuevo gobierno federal.

Sin embargo, no hay tal similitud. Para el colectivo social, Elba Esther Gordillo cavó su propia tumba política. Hay que recordar los enfrentamientos que tuvo con el ex presidente Ernesto Zedillo Ponce de León, cuando éste fue secretario de Educación Pública; los apoyos en lo oscurito que tejió con Vicente Fox y Felipe Calderón para volcar el voto magisterial en favor de los panistas; la traición al PRI y a la candidatura de Roberto Madrazo Pintado; el altercado en la Cámara de Diputados con el hoy titular de Educación, Emilio Chuayffet Chemor; pero sobre todo, la pésima imagen de corrupción y abuso que la lideresa magisterial ha construido frente a todo un país, que lejos de martirizarla, aplaude su detención y ve como justa la acción del gobierno federal.

Lo que es verdad es que el gobierno federal ha mandado un mensaje muy claro para todos, me parece que incluso es un mensaje que da luces sobre el inicio de la recuperación del control del país.

Hace un par de meses el propio Emilio Chuayffet declaró, refiriéndose a las actitudes de la maestra y su sindicato: “El derecho lo hemos ido abandonando para hacer acuerdos, acuerditos y acuerdazos en lugar de aplicar la ley como debe ser aplicada”.

La acción es una verdadera razón de Estado, es un elemento de la praxis política que implica la decisión de recuperar la rectoría del Estado, de manera certera y sin titubeos, para dar un nuevo rumbo a la vida del país, adoptando decisiones que ya no pueden postergarse.

Abogado y ex regidor

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