¿Quiénes serán los valientes?

Arturo Maximiliano García

Disminuir el gasto a los villanos favoritos vende bien, nadie podrá ponerse en el camino sin ser arrollado por el veredicto de la sociedad.

Hay quienes han salido a defender los sueldos que se reciben en la administración pública y que hoy deberán ser ajustados a la baja. La crítica se ha hecho con argumentos sólidos; sin embargo, hay debates que se pueden dar pero nunca se ganarán, y éste es un buen ejemplo. Tanto se dijo sobre los altos pagos que recibían ciertos servidores públicos, que hoy pocos los defenderán. La medida impactará a los tres Poderes de la Federación, a organismos autónomos y también a los estados. Nadie ganará más que el presidente de la República.

México es un país donde hay millones de pobres, desempleados y trabajadores mal pagados, por lo que cada vez que se hablaba de los ingresos de los funcionarios de alto nivel, se ofendía a gran parte de la población. Existe la idea generalizada que esto sale de nuestro dinero, aún cuando muchos no paguen sus impuestos o no estén al corriente de ellos y a pesar de esto, el reclamo es generalizado: ganan mucho.

A pocos importa si algunos funcionarios dan resultados, pues muchos se han ganado, a pulso, la mala fama. Por ejemplo, cada año los medios generan notas donde ventilan los ingresos de nuestros diputados, particularmente a finales de año, cuando la dieta, compensaciones y aguinaldo sumados llegan a más de 350 mil pesos. Lo que irrita aún más es que la mayoría de los 500 diputados federales son poco productivos, no presentan iniciativas o las que plantean son más bien puntadas, además que varios no asisten a las sesiones o sólo pasan lista, otros no participan en las comisiones que integran o incluso no convocan aquellas que presiden. En el caso de los senadores, se reportó un ingreso de 551 mil pesos para cada uno, en diciembre. Todos reciben lo mismo, trabajen o no, por injusto que parezca.

Por lo que toca a los partidos políticos, éstos también generan desconfianza. Miles de millones de pesos se ponen en manos de dirigentes que pueden ejercer parte de estos recursos sin rendir cuentas claras. Incluso hay partidos que representan a pocos pero reciben mucho y están controlados por familias. No muy lejos está el recuerdo del fraude llevado a cabo por los Riojas, dueños del PSN, partido que nunca obtuvo una votación mayor al 1 por ciento, pero que recibió casi 500 millones de pesos que acabaron en cuentas privadas en el extranjero, sin que hubiera una sanción proporcional al daño.

Éstos y otros ejemplos son la razón por lo que las propuestas del que, a partir de diciembre, será el nuevo gobierno están siendo bien recibidas: menores sueldos, menos gasto. Sin descartar que se maten dos pájaros de un solo tiro: que por esta vía se debilite a los poderes distintos al Ejecutivo, así como a instituciones como el INE, INAI y cualquier otra autónoma, y que se vuelvan dependientes del presidente y su secretario de Hacienda, que será la ventanilla a la cual haya que tocar cuando se requiera de recursos.

Disminuir el gasto a los villanos favoritos vende bien, nadie podrá ponerse en el camino sin ser arrollado por el veredicto de la sociedad. Aún así, el próximo gobierno federal deberá reparar en su planteamiento de que nadie gane más que el presidente. Me vienen a la mente algunos cargos en particular: el fiscal general, sus directores, así como la columna vertebral de la Secretaría de Seguridad por crearse, incluido el cargo de director de la Policía Federal. Así también, el fiscal anticorrupción y otros de similar naturaleza donde el riesgo personal y familiar, la presión laboral, las horas dedicadas no puedan ser compensadas con menos de 108 mil pesos. ¿Cuántos podrían aceptar esto? Pocos, sin duda. AMLO ya ganó el debate, lo ganó de salida. ¿Pero podría valorar, sin perderlo, cómo recompensar a quienes ponen más que su propia vida en juego? ¿Quiénes serán los valientes? Los habrá por supuesto.

 

 

 

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