¿Quién se robó la navidad?

Juan Manuel Badillo

Antes eran llamados simplemente amargados, pero de un tiempo a la fecha a quien no le agrada la navidad es un Grinch. El mote viene del cine, de la película The Grinch (2000), de Ron Howard, con el canadiense Jim Carrey y fue un éxito de taquilla.

El Grinch es un personaje verde brócoli que no cree en la navidad y de hecho se la roba para organizar su propia anti-navidad. La historia está basada en el libro del Dr. Seuss, How the Grinch stole christmas.

Pero eso de robar y rescatar la navidad, y ese afán de reivindicar el espíritu de temporada, viene de un clásico que se ha replicado muchas veces: Milagro en la calle 34.

La película original data de 1947 y la dirigió George Seaton. El nombre del director quizás no le diga mucho, pero si la del actor que le dio vida a Santa Claus: Edmund Gwenn, posiblemente el mejor Santa del cine hasta la fecha.  

El tema de al película, obviamente, es la batalla contra la incredulidad y la crisis de fe.

En la película Gwenn obviamente es Santa, pero se supone que ya nadie cree en el hombre del traje rojo y los renos que vuelan, entre los incrédulos se encuentra la publirrelacionista de la cadena de tiendas Macy’s (Maureen O’Hara) y su hija, (Natalie Wood).

Total que Santa debe hacer todo para ganarse el cariño de dos mujeres que dejaron de creer en el hombre de barba blanca y gran barriga, y Santa resulta un tipo adorable que habla con ternura a una niña y termina por cumplirte todos sus sueños y deseos, incluso conseguir una nueva casa para su madre.

Se debe tomar en cuenta que la película de Seaton fue patrocinada por la cadena Macy’s y tenía como principal propósito relacionar la figura de Santa y la tienda departamental.

Sabemos que la historia es un chantaje emocional de más de dos horas y sin embargo Milagro en la calle 34 funciona, por el simple hecho de tener a uno de los actores más carismáticos de su generación. También funciona porque nadie le puede decir que no a ese Santa, de baja estatura, mirara tierna y dulce voz.

Milagro en la calle 34 se replicó en 1959, con Ed Wynn en el papel de Santa; en 1973 con Sebastian Cabot; y en 1994 con el fallecido actor y director Richard Attenborough, el único que fue capaz de acercarse a la actuación de Edmund Gwenn.

En todas las versiones de Milagro en la calle 34, la doble intención está presente: restablecer la fe navideña y de paso promover el consumo de productos.

Fue Charles Dickens quien puso el dedo sobre el tema, en su novelita Cuento de navidad, de 1843, sobre Ebenezer Scrooge, un ávaro millonario que es visitado por los espíritus de la Noche Buena y obligado, luego de tremendas torturas, a ser un hombre bueno.

Recientemente se filmó una versión animada del cuento de Dickens, pero los personajes eran tan feos, cual duendes de nariz roja, que los niños pequeños terminaban llorando en la sala de cine.

Se debe tomar en cuenta que Dickens escribió su cuento en los albores de la Revolución Industrial, cuando el consumo de productos amenazaba los soportes moral de una nueva sociedad.

Sin embargo, y desde entonces, el cine de Hollywood ha tenido como uno de sus temas de temporada el robo y el rescate de la Navidad, y les encanta emprender una batalla espiritual para restaurar el déficit de esperanza en el mundo.

La pregunta que se ha quedado sin responder es si realmente existen niños que ya no crean en La Navidad o simplemente hay que recordarles, cada año, con cada película, que si quieren que Santa llegue por una chimenea (en un país donde no hay chimeneas) tienen que correr al centro comercial más cercano y pedirle al primer Santa de barba sucia y mal aliento, un regalo con el 20% de descuento y a 18 meses sin intereses.

 

FIN

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