¿Quien fue Aaron Swartz?

Juan Manuel Badillo

Se llamaba Aaron Swartz, era un genio de Internet, una mente brillante, un buen tipo, tenía 26 años y se suicidó el 11 de enero de 2013 en Nueva York.

Si usted, lector digitalizado, tiene una computadora en su casa y puede mandar y recibir correos sin que nadie se lo impida, debe recordar el nombre de este desaparecido joven y prenderle una veladora.

Usted, ama de casa, que todos los días debe abrir una página de Wikipedia y bajar el resumen de la biografía de doña Josefa Ortiz de Domínguez para la tarea de su hijo. Usted debe saber quién fue y que hizo Aaron Swartz y pedir por su alma.

Usted, flamante investigador de la maestría o doctorado que presume de poder leer y citar artículos publicados en universidades gringas. Usted también debe saber quien fue el llamado “El hijo del Internet” o estará reprobado.

Todos aquellos que utilizamos la Web, en menor o mayor medida, le debemos algo a este fallecido jovencito.

Aaron Swartz fue para muchos una de las mentes más brillantes del presente siglo, para otros fue un brillante hacker, para otros un delincuente de las computadoras.

Se suicidó cuando enfrentaba en acoso del gobierno estadounidense acusado de más de supuestos delitos cibernéticos.

Lo que sucedió es que Swartz utiliza los servidores del MIT (Massachusetts Institute of Technology) para bajar y guardar en discos duros miles de artículos científicos y de todos los temas posibles y por haber.

La idea del genio era crear una plataforma para que todos esa información estuviera a la mano de cualquier usuario, en cualquier monitor, en cualquier país, en cualquier idioma. La propuesta, en concreto, era liberar el conocimiento atado a los intereses de las grandes corporaciones.

Swartz fue el primero que alzo la voz contra las falsedades del llamado dominio público, referente a la información que se encuentra en las bibliotecas y archivos de gobierno, universidades y centros de investigación. Dijo el activista que ese conocimiento en realidad se encuentra vedado a los ciudadanos del mundo por gobiernos y empresas.

En otras palabras, que si usted quiere saber los verdaderos avances sobre la cura del VIH y enterase qué se está haciendo para cuando el petróleo de acabe en el mundo; esos datos no los encontrará buscando en el sitio de Sopitas.com

Si quiere saber la verdad sobre la vida y el mundo, tendría que buscar en archivados protegidos en una carpeta que dice: Confidencia, por seguridad nacional.

El joven argumentaba que esos artículos y estudios realizados en el pasado ya habían sigo pagados por alguien, con dinero público y privado, y que no había una razón para que no circularan abiertamente.

En el fondo, Swartz abogaba por la libertad de información y conocimiento en la Internet.

Al mismo tiempo que este jovencito hacía esto, en Estados Unidos sucedieron los atentados del 11 de septiembre de 2001 y el presidente George Bush jr., amplió las leyes de seguridad nacional e incluyó al Interner y juzgados los delitos cibernéticos bajos las mismas leyes que se aplican a los terroristas internacionales.

El caso de Swartz fue dramático porque él nunca buscó ganar dinero con esa información, como lo han hecho otros genios como Mark Zuckerberg, creador de Facebook, o Steve Job. Tampoco tuvo, muchos menos, aspiraciones banales y lucrativas como el neozelandés Dotcom, creador de una plataforma para bajar y compartir música.

Swartz quería ser como sir Tim Berners-Lee, el inventor de Web, quien regaló a la humanidad su descubrimiento antes que pensar en crear una empresa, como lo hizo Bil Gates con su Microsoft.

Luego entonces, cada vez que escuche de intentos de controlar Internet “por el bien de la humanidad”, recuerde que Aaron Swartz,  un genio, la mente más brillante de muchas generaciones, un buen tipo, dio su vida por defender la libertad de expresión en el ciberespacio. FIN

 

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