20/10/2019
11:42
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Hace unos días se dio la noticia de que el espectáculo del famoso standupero mexicano Carlos Ballarta —que se habría celebrado anteayer 18 de octubre en Querétaro en el Teatro de la Ciudad— se canceló a causa del incumplimiento del debido proceso de solicitud para desarrollarlo. Sin embargo, por otra parte, el comediante manifestó su inconformidad atribuyendo responsabilidad al gobierno local por haber cancelado su show, mismo que por título tenía “Dios está muerto”. ¿Qué ocurrió? ¿Es certera la acusación de Ballarta?

Dos días antes de la fecha del espectáculo se anunció su cancelación y en ese par de días se suscitaron varias voces aclamando responsabilidad del gobierno tanto municipal como estatal en tal cancelación. Una de esas fue la del mismo comediante, quien enfatizó habérsele coartado su libertad de expresión y acusó al presidente municipal de Querétaro, Luis Nava, y al gobernador de nuestra entidad federativa, Francisco Domínguez, así cómo al partido de militancia de ambos (el Partido Acción Nacional); por su “pensamiento fundamentalista” que en vez de mostrar un gobierno laico ejerce acciones y actitudes atrasadas.

Por otra parte existe la versión del gobierno. El secretario de Gobierno municipal, Apolinar Casillas Gutiérrez, manifestó a través de un video que circuló en las redes sociales que la “cancelación” del espectáculo de Carlos Ballarta se debió a que la administración municipal no recibió ninguna solicitud para la realización de tal evento. En este contexto, y considerando la postura del comediante, sería fácil mostrar el permiso que dicta el Reglamento de Espectáculos del Municipio de Querétaro para evidenciar que sí se cumplió con el debido proceso y así desmentir lo mencionado por Casillas Gutiérrez. No obstante, no se ha mostrado nada en este sentido, por lo que sería creíble que la “cancelación” del espectáculo se haya ejecutado efectivamente por incumplir con lo estipulado en el reglamento. Pero mientras sean peras o sean manzanas, hay algo interesante que Ballarta manifestó, y es que expresó la existencia de un pensamiento fundamentalista y no laico en el gobierno, por lo que sería bueno preguntarse ¿qué tan “mocho” es Querétaro?

No es ninguna novedad que consideremos a Querétaro “mocho”, pero primero, ¿qué significa esto? Desde luego no hay una definición oficial al respecto, pero la vox populi dice que es una sociedad que tiende a tener ideas y pensamientos conservadores, religiosos, o como se dice “chapada a la antigua”. Esa es la percepción que algunas personas de otras partes de México tienen de Querétaro, e incluso gente de aquí mismo lo piensa así. Desde luego, no toda la sociedad en nuestra entidad comulga con la ideología conservadora, aunque gran parte sí. Prueba de ello son las múltiples prácticas sociales y posturas que existen y fungen ciertamente como obstáculos para llegar a una sociedad más equitativa y progresista que toda democracia busca.

No cabe duda que algunas de estas prácticas sean las corridas de toros (evidenciando la falta de sensibilidad de las personas y su incapacidad para pensar “fuera de la caja”), y que algunas de estas posturas sean el rechazo al aborto y el apoyo a la vida (que diferente a lo que piensan estas personas, el objetivo del aborto no es matar a nadie, sino permitir principalmente a la mujer decidir sobre su cuerpo y su vida); así como el desprecio por la comunidad lesbiana, gay, bisexual y transexual, y el apoyo a la “familia tradicional” (que lo único que hace es alejar la importantísima inclusión social por un lado, y por otro incentivar la discriminación). Si no cambiamos estas prácticas sociales y estas posturas ideológicas seguiremos siendo y seguramente nos seguirán diciendo “mochos”, pero eso es lo de menos y quizá irrelevante; lo importante es que seguiremos no siendo una sociedad progresista para el beneficio colectivo.

 

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