Querétaro, corazón de México

Andrés Garrido del Toral

“La España del siglo de Oro dio a Querétaro su mística.. de abolengo glorioso que produjo el fenómeno de la integración geográfica y cultural más grande”

¡Querétaro! La palabra más bonita del idioma español y que es resultado de la mixtura de la lengua castellana y de la purépecha, en un alarde de mestizaje cultural sin igual que nació sin sangre.

Y la España del siglo de Oro dio a Querétaro su mística; esa mística de abolengo glorioso que produjo el fenómeno de la integración geográfica y cultural más grande hasta entonces lograda.
Querétaro, ese romántico de corazón barroco y acanterado que inspiraba a Borges.

Querétaro no nació recientemente y su grandeza radica en que el pasado está siempre vivo, no como una carga, no como una losa, sino como fuente de inspiración para construir nuestro futuro.

La memoria salva, escoge, filtra pero no mata. La memoria y el deseo saben que no hay presente vivo con pasado muerto ni habrá futuro sin ambos. Querétaro existe en el presente porque no olvida la riqueza de un pasado vivo.

El mundo no está terminado, el mundo se está haciendo, pero portando nuestro pasado, la cultura que nosotros mismos hemos hecho. Sólo seremos efectivos en la aldea global si somos responsables en la aldea local.

¡Cuántas ciudades más antiguas y famosas envidian el protagonismo de Querétaro cuando se escribe la historia nacional y mundial! Definitivamente, en Querétaro 
hablan las voces de la historia patria, y es y seguirá siendo el corazón de México. 

El tercer mundo donde nos encontramos inmersos tiene un primer mundo privilegiado, lleno de paz, amor y desarrollo, el cual se llama Querétaro.

Felices tiempos para ustedes y sus familias, porque son más las coincidencias que las diferencias entre los queretanos. Que los apetitos legítimos e ilegítimos rumbo al 2021 no nos dividan como sociedad. Acaso ¿no podemos abrazar el sueño del otro? ¿Es tan difícil reconocernos en el próximo? México y Querétaro merecen una mejor clase política pero también una sociedad más responsable, participativa y exigente.

La revolución que anhelo es la Revolución de la Consciencia, la que nos centra en nuestro rol individual respecto del colectivo, al que finalmente pertenecemos. Nadie debe construir sus sueños aplastando las aspiraciones de los otros. 

Recordemos el efecto mariposa: la vibración de las alas de este simpático ser mueve lo más recóndito del Universo. Así también, lo que pensamos, lo que decimos y hacemos repercute en todo el espacio vital y el Universo nos regresa con creces lo que le enviamos con nuestro actuar. Si generas porquería él te devolverá lo mismo; si envías bendiciones el Universo te regresará miles.

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