Querétaro, ciudad multicultural

Diego Prieto H.

Este primero de octubre inició su gestión el nuevo gobierno municipal de la capital del estado. Su lema es “Querétaro. La fuerza de su gente”; y vaya que habrá de requerirse no sólo la fuerza, sino también participación crítica de los habitantes de esta histórica ciudad para fortalecer su tejido social, mantener la seguridad y asegurar la dotación de servicios básicos para todos. Al lema le acompaña un interesante logotipo: un haz multicolor de manos abiertas, cuyos dedos semejan las ramas de un árbol, representando la pluralidad cultural y política de la sociedad queretana, pues es de destacar que, a diferencia de otras administraciones, este logo no incluye sólo los colores del partido en el gobierno.

Los desafíos son enormes y crecientes para gobernar una de las ciudades que crece a las tasas más altas en el país, constituyendo ya una gran zona metropolitana, que en las últimas seis décadas pasó de 50 mil habitantes, en 1950, a prácticamente un millón, en 2012; ocupando una creciente mancha urbana que se desparrama en forma avasalladora sobre una superficie que comprende más de 20 mil hectáreas y que abarca ya cuatro municipios (Querétaro, Corregidora, El Marqués y Huimilpan), por lo que la densidad de la población, en lugar de aumentar, disminuye; lo que perfila una ciudad costosa, desarticulada y poco funcional.

De haber sido una ciudad expulsora de habitantes en la primera mitad del siglo XX, Querétaro pasó a ser una urbe de creciente atracción de flujos migratorios, que se aceleraron en la década de los 70 y registran sus mayores índices en las últimas tres décadas. Así, en el conteo de población del año 2005, el INEGI reportó que mientras que 25 mil 894 personas salieron del estado entre 2000 y 2005, sobre todo de áreas rurales, para radicar en otras entidades, en ese mismo periodo llegaron a la capital cerca de 70 mil inmigrantes, procedentes de distintos lugares del país. Por su parte, la Comisión Estatal de Población reporta que en los últimos cinco años vinieron a residir a la metrópoli queretana 51 nuevos vecinos cada día, lo que significa cerca de 100 mil en el periodo, quienes acuden en busca de un lugar seguro y con fuentes de empleo para asentarse, ante la creciente inseguridad que se vive en otros lugares.

Es preciso, ahora, revertir el crecimiento caótico y voraz, disperso, expansivo y segregacionista de la ciudad, que sólo beneficia a los grandes capitales inmobiliarios, procurando la densificación de las áreas urbanizadas; el mejor aprovechamiento de la infraestructura urbana; el desarrollo de unidades habitacionales compactas, socialmente plurales y sustentadas en la participación vecinal; la desconcentración de los servicios y las ofertas culturales; el impulso de un sistema de transporte público barato y eficaz, y de soluciones urbanísticas que propicien la movilidad y la comunicación entre todos los puntos de la ciudad.

Hay que destacar la necesidad de una política que atienda la demanda y la inclusión social de los grupos migrantes con mayores condiciones de vulnerabilidad, entre los que podríamos destacar a los indígenas, hablantes de más de 36 lenguas originarias de México, los centroamericanos, y aquellos que provienen de los estados más pobres y de las regiones afectadas por la violencia del crimen organizado. Estos grupos se insertan frecuentemente en contextos de exclusión y discriminación, derivados de la falta de una cultura abierta y al diálogo entre diferentes perspectivas, que no deben considerarse excluyentes o antagónicas. Querétaro ha sido siempre un territorio multicultural en que se entrelazan caminos y culturas.

Antropólogo

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