24 / julio / 2021 | 03:06 hrs.

Que viva y no sobreviva el amor

Eli Martínez

Para lograr una unión sana de pareja primero deberemos prometernos que: en el terreno intelectual vamos a dejarnos el uno al otro ser lo que somos. Me caso contigo prometiendo que de ninguna manera intentaré que me imites o que veas el mundo exactamente como yo lo veo. En el terreno emocional reconoceremos que no todos amamos de la misma manera, no nos someteremos a la tortura de querernos unir de un modo que no sea el nuestro. En el terreno sexual comprenderemos que el encuentro de nuestros cuerpos es un placer que debe ser explorado y desarrollado. La verdadera clave de una descendencia feliz es el goce con el que la engendramos. En el terreno material compartiremos un espacio, pero nos permitiremos también tener un territorio personal, con la promesa de no invadir nunca el del otro, respetando nuestra necesidad de soledad. Igualmente, tendremos algún dinero común, pero conversaremos celosamente, acerca de cómo mantener una independencia económica. (Tomado del libro “Cabaret Místico” de Alejandro Jodorowsky).

La construcción de la pareja, es un trabajo artesanal, del día a día, para lo cual, antes de entrar a ella, tendríamos que definir primero, ¿qué es para mi el amor? Ya que cada persona tiene una concepción diferente acerca del mismo. Después, es básico preguntarnos: ¿qué tendría que hacer el otro para que yo me sintiera amado(a) por él o ella?  Defínelo y exprésalo claramente, ya que como dice el libro, “Los 5 lenguajes del amor” de Gary Chapman, cada quien percibe el amor de manera diferente; hay personas a las que les gustan los detalles (rosas, chocolates, que les hagan su comida favorita…), a otras que les digan cosas bonitas (sobre todo a las mujeres, que somos más auditivas y nos encanta que nos endulcen el oído), a otras los momentos compartidos (una cena romántica, diversión, encuentros íntimos, etc.), a otros más el contacto físico y por último, los que prefieren los actos de servicio, es decir, cómo te ayuda o apoya tu pareja.

Aunado a esto,  en la mayoría de las relaciones, entramos desde la carencia, es decir, desde lo que nos hace falta, ya sean necesidades muy profundas o miedos adquieridos desde la infancia.  Por tanto, tu pareja siempre te espejea estas  áreas “oscuras” que necesitas desarrollar en tí. Por ejemplo, cuando te quejas de que tu pareja no te escucha, pregúntate, ¿cómo no te estás  escuchando tú? Cuando te quejas de que no te pone atención, pregúntate, ¿cómo no te estás poniendo atención tú?, etc. Es decir, tu pareja te muestra aquello que no quieres reconocer en tí… Cuando puedes integrar estas partes oscuras  y abrazarlas, te conviertes en un ser más completo, que  puede amar más y mejor a sí mismo y al otro,  respetando lo que es, comprendiendo que es un “otro”, con gustos, necesidades, aficiones, intereses, amistades diferentes a las suyas.

Romper un patrón negativo por tanto, es tan fácil como querer dejar de tener razón, siendo humilde, reconociendo que no pasa nada si reconocemos nuestros puntos débiles, pudiéndolos convertir en fortalezas que nos ayuden a mejorar la relación…

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