Que mi hijo no sufra como yo

Mónica Silva Olvera

Pero ¿es lo correcto? ¿Proteger a nuestros hijos de todas las carencias y/o sufrimientos? Mejor, cambio la pregunta, ¿de verdad tu hijo, tu hija está sufriendo?

Cuando nos convertimos en padres, nuestra principal preocupación es cuidar a nuestro bebé, ofrecerle lo mejor del mundo a toda costa, comenzando por nosotros mismos y siguiendo con todo lo que podamos conseguir: casa, comida, juguetes, vacaciones, en fin, darle todo, darle lo mejor, para que “mi hijo no sufra como yo y no le falte lo que a mí”.

Y a consecuencia de ello, los papás de ahora se desviven por  cumplir todos los deseos de sus pequeños, trabajando horarios extenuantes para cubrir los pagos de la mejor escuela, la mejor ropa, las vacaciones soñadas, todos los regalos y festejos que su hijo(a) desee.

Pero ¿es lo correcto? ¿Proteger a nuestros hijos de todas las carencias y/o sufrimientos? Mejor, cambio la pregunta, ¿de verdad tu hijo, tu hija está sufriendo?, ¿En realidad tiene carencias?, o  ¿qué carencias tuviste tú que temes vivan tus hijos?

Y entiendo que hay familias con mucho sufrimiento y carencias, desde emocionales hasta económicas; y sí creo que haya padres de familia que pongan todo su empeño para que sus hijos no repitan esas tristes experiencias de hambre, carestía, soledad o abandono. En estos casos, creo que debemos dar todo el apoyo a estos padres para que sus hijos salgan adelante y no repitan estas historias en sus vidas.

Sin embargo, hay otro lado de la misma moneda, y son aquellas familias que han tenido todo: comida, escuela, hogar, cuidados, descanso, e incluso una vida holgada económicamente hablando; pero que creen que sus hijos podrían sufrir por no estudiar en la escuela de más alto perfil, o consideran que sus hijos no merecen vivir sin vacaciones cada mes o sin los juguetes más caros en cuanto se les antoja.

Pero, ¿eso es evitar que sufran? ¿ayuda a la madurez del niño  darle todo lo que se le antoja? 

Recuerdo una historia que narraba mi mamá, de un señor que tenía muy consentido a su hijo, y le daba todo lo que el niño exigía; al grado de regañar y retar a todo aquel que osara  negarle algo.  Una noche el niño lloraba amargamente, y el papá aterrorizado porque su hijo estuviera sufriendo, reclamó a su esposa “¡El niño llora! ¿Qué es lo que está pasando?” Su esposa le explicó: “Llora porque quiere algo ¡que no le voy a dar!”  El padre, indignado, retó a su esposa “¡Cómo se te ocurre hacer sufrir a mi hijo!, dime qué quiere, ¡que en este preciso momento se lo daré!” La esposa, hastiada de esta situación le contestó “Lo que quiere el niño, ES LA LUNA, anda, dásela, a ver si entiendes de una vez que no puedes darle todo lo que pide”.

¿Cuántas “lunas” le has dado en el último mes a tu hijo?, ¿las necesitaba de verdad?, ¿sufría por no tenerlas?, o ¿estás atendiendo una necesidad, preocupación o miedo tuyo, más que una necesidad de tu hijo?

Si de verdad quieres darle lo mejor, dale tu tiempo, tu plena atención (¡sin celulares de por medio!), tu cariño y tus abrazos.  Eso, te prometo, que es lo mejor que puedes ofrecerle, y que le ayudarán a ser un niño feliz, tal como tú tanto lo deseas.

Hoy te invito a que dejes la luna en el cielo, y a tu hijo sólo le des tu amor.

Comentarios