24 / julio / 2021 | 22:04 hrs.

A propósito del black power

Vianey Arroyo

La semana pasada en nuestro país se habló mucho de los Estados Unidos y de su presidente, debido a cierta visita a la que si fuera película quizá se le podría llamar Tan lejos, tan cerca, pero ese título ya fue llevado a la pantalla grande, sólo que con un tema muy distinto.

Y hablando de Obama, filmes como la vida secreta de las abejas (the secret life of bees) o El mayordomo de la Casa Blanca (The butler) y por supuesto 12 años de esclavitud (12 years a slave) pueden hacernos entender la fuerza e importancia del “black power”.

Sin duda, en la lucha contra la segregación racial estadounidense hubo miles de historias, muchas anónimas, pero éstas abonaron para conseguir cambios históricos de la mano de extraordinarios líderes como Martin Luther King -de quien trata Selma, nominada en los Globos de Oro llevados a cabo este domingo-.

Así pues, ahora hablaremos del caso de la cinta The help (basada en la novela de Kathryn Stockett), traducido como Vidas cruzadas (en Hispanoamérica), en la que Octavia Spencer ganó, a mi parecer de manera bien merecida,  el Oscar, lo mismo que el Globo de Oro, el premio BAFTA (por sus siglas en inglés) de la Academia británica y el del Sindicato de actores a mejor actriz de reparto en 2012, por interpretar a la adorable Minny.

El dato curioso  sobre la autora es que después de trabajar en algunas revistas, debutó como escritora con este libro en 2009, el cual había sido rechazado 60 veces por agentes literarios. Para 2011 dicho texto se convierte en  la realización cinematográfica dirigida por Tate Taylor. En ambos casos ganó muchos reconocimientos y hasta una demanda.

Recientemente tuve la oportunidad de ver nuevamente este filme, ahora en televisión, lo que quiere decir que probablemente usted pueda correr con la misma suerte si su sistema de cable es igual al mío y si no, búsquelo en los sitios de renta por internet,  de verdad es altamente recomendable.

The help retrata la arbitraria relación entre las servidoras domésticas y sus patronas en una pequeña comunidad americana en los años sesenta, donde lo más importante son las apariencias o las costumbres que sólo ayudan a conservar la desigualdad, la doble moral y la crueldad humana. Desgraciadamente esto no ha cambiado mucho en varios lugares, incluso en nuestro país.

Lo que hay que resaltar son los tres personajes de Skeeter, Minny y Aibeelen. Tres mujeres valientes que dan testimonio de lo que pasaba al interior de las familias “bien” con servidumbres afroamericanas. Skeeter Phelan (Emma Stone) es una joven blanca cuya máxima aspiración es ser escritora, periodista o ambas; mientras Minny Jackson (Octavia Spencer) es una excelente cocinera a la que “nunca se le quema el pollo frito” y Aibeelen  Clarrk (Viola Davis) es la  amable nana de la pequeña Mae Mobley, quien al final de cuentas es quien nos narra la historia.

Skeeter pretende escribir un libro acerca de las sirvientas de su lugar de origen, pero para que éste pueda ser publicado tendría que hablar muchas mujeres temerosas de perder su empleo, la libertad o hasta la vida en un momento turbulento en un país en el que un hombre “tiene un sueño” el cual pretende contagiar a todos, pero aún no lo consigue. Muchas cosas pasan en este intento, al más puro estilo de buenas y villanas donde al revés de como suele ser siempre, lo blanco es lo malo y lo negro es lo bueno. Por último, sólo falta que  la novel escritora cuente una anécdota más, la suya; la historia que su familia tiene con su nana.

Por desgracia, en cualquier parte del mundo siempre ha existido la discriminación a distintos sectores de la sociedad, ya sea la gente de color, semitas, homosexuales,  latinos o indígenas, etc. Pero en particular esta animadversión caucásica hacia la raza negra, sin profundizar en el tema, la podríamos atribuir a la envidia por su calidad vocal, su ritmo, sus atléticas figuras o a ese no sé qué del que hablaba Feijoo, porque no podemos negar que de este grupo racial han surgido grandes deportistas, científicos, pensadores, artistas o hasta el actual presidente del país más poderoso del planeta.

A manera de colofón sólo quisiera agregar que los mexicanos somos olvidadizos y repetimos la historia una y otra vez; debiéramos aprender de ejemplos como los de las películas aquí mencionadas. Si no, al menos llenémonos esta semana de algo de tinta y celuloide. Además debemos estar pendientes de los próximos acontecimientos referentes al cine mundial.

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