Progreso social

Guillermo Tamborrel

Es fundamental tener presente que el desarrollo económico y el desarrollo social están íntimamente ligados.

Cada vez son más los expertos que coinciden en que el desarrollo o crecimiento económico de un país, medido incluso en términos de PIB per cápita, no es una garantía del llamado progreso social. Claros ejemplos son Kuwait, Arabia Saudita e incluso Rusia, que tienen un PIB per cápita más alto que países como Argentina, Uruguay, Chile o Croacia, y su índice de progreso social es menor. Otro ejemplo lo encontramos con China, un país que ha venido creciendo económicamente de una manera impresionante y a pesar de ello ocupa el lugar 83 de la lista del índice de progreso social con una calificación de 63.72 puntos (la lista contempla 128 países). Es cierto que la posición económica y su crecimiento ayudan a mejorar el nivel de vida de los habitantes y que existe una cierta correlación entre ellos; sin embargo, el crecimiento económico por sí mismo no garantiza un crecimiento en la calidad de vida; es decir, del progreso social.

El progreso social, definido por la organización Social Progress Imperative, “es la capacidad de una sociedad de satisfacer las necesidades humanas fundamentales de sus ciudadanos, de establecer cimientos que permitan mejorar y mantener la calidad de vida de sus ciudadanos y comunidades, y de crear las condiciones para que todos los individuos alcancen su pleno potencial”.

Con lo anterior concluimos que para alcanzar el progreso social deseado es indispensable que primero se realicen acciones que sí conllevan la inversión de grandes cantidades de recursos y que, por tanto, sí están ligadas al crecimiento económico de los países. Segundo, que se desarrollen otras acciones en diversos campos como la formación de capital humano, seguridad, el respeto irrestricto a los distintos derechos de las personas. Acciones que no siempre implican la utilización o inversión de grandes cantidades de recursos económicos.

El “índice de progreso social” contempla 12 rubros que ordena en tres grandes categorías: categoría Necesidades Básicas, que contiene lo relativo a nutrición y cuidados médicos básicos, agua y saneamiento, vivienda, seguridad personal; categoría Fundamentos del Bienestar, conformada por acceso a conocimientos básicos, información y comunicaciones, salud y bienestar, calidad medioambiental; categoría Oportunidades, derechos personales, libertad personal y de elección, acceso a educación superior.

La gama de acciones y programas necesarias para lograr el progreso social es amplia y no todas requieren dinero. Por ejemplo, el rubro de “derechos personales” obedece más a decisiones políticas que a la utilización de recursos monetarios. Otro ejemplo lo tenemos en el respeto a la libertad de elegir. En lo que toca a Necesidades Básicas encontramos que lo importante es brindar información que lleve a romper paradigmas y cambiar hábitos. Por ejemplo, en el rubro nutricional encontramos que la dieta del mexicano es tal que hoy somos el país que tiene el mayor número de obesos, lo que se traduce en costos para el sistema de salud.

Es fundamental tener presente que el desarrollo económico y el desarrollo social están íntimamente ligados. Incluso me atrevo a señalar que sin un progreso social sostenible no habrá desarrollo económico que se sostenga.

El índice de progreso social 2017 ubica a México en el lugar 48 con una calificación de 71.93 puntos, colocándolo en el grupo de países con progreso social medio alto y entre los que se encuentran Panama, Brasil, Rumania, Perú, Colombia, Paraguay.

Fuente de los Deseos. Ojalá que en el marco de las elecciones presidenciales y legislativas del 1 de julio los votantes analicemos las trayectorias y propuestas de los candidatos bajo la premisa de quién ofrece mejores propuestas y garantías para alcanzar el progreso social de todos los mexicanos.

 

 

 

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