¿Por qué funcionan las políticas educativas?

Pedro Flores-Crespo

México es un país con múltiples políticas y programas educativos que han fracasado. Pero también hemos desarrollado acciones públicas exitosas, las cuales deberíamos estudiar para, en primera instancia, apoyarlas y en segunda, tratar de replicar. ¿Qué hace a una política educativa efectiva y además que se mantenga estable en el tiempo? Podemos acercarnos a una respuesta conociendo la experiencia del Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe) que antier cumplió sus primeros 50 años de existencia.

El Conafe es un organismo descentralizado de la Secretaría de Educación Pública para ofrecer servicios educativos a la niñez y juventud mexicanas que por falta de oportunidades no puede asistir a una escuela de tipo tradicional. Su modelo pedagógico fue innovador desde el principio. Se apoyó de jóvenes de bachillerato, previamente capacitados, llamados Líderes Educativos Comunitarios (LEC), que enseñaban en sus comunidades para tratar de rebasar la clásica idea de que los pobres no aprenden porque viven en zonas marginadas y alejadas. Con su modelo, el Conafe ha demostrado que “no existe fatalismo que nos impida mejorar”, diría Carlos Muñoz Izquierdo, investigador educativo y Premio Nacional de Ciencias 2012.

Actualmente, el Consejo atiende a 566,330 personas en las 32 entidades federativas del país. Reconociendo la importancia de nuestros primeros años de vida, Conafe últimamente se ha centrado en brindar atención a individuos de 0 a 3 años por medio de las promotoras educativas. En este segmento está casi el 50 por ciento de atención, mientras que en preescolar, primaria y secundaria se registra 27, 17 y siete por ciento, respectivamente, de cobertura.

En los foros de celebración, varios colegas y yo cavilamos sobre las razones de éxito del Conafe, entendido éste como los efectos positivos —y reales— que ha tenido su modelo educativo no tradicional para el más desposeído. Mencionaría aquí al menos tres características de esta exitosa política educativa. Primero, Conafe reconoce a las personas en un sentido amplio. Ni ve victimas del “neoliberalismo” ni héroes de la Revolución ni mucho menos sujetos desconfiables a los que hay que evaluar para controlar, sino seres humanos capaces de ampliar sus capacidades por medio de una relación de apoyo mutuo y a través del “diálogo tutor”. Adopta por tanto una perspectiva profundamente humanística.

Segundo, en tiempos de grandilocuencia oficial, se centra en lo importante: el aprendizaje de las personas. De esto da cuenta su modelo pedagógico ABCD (Aprendizaje Basado en la Colaboración y el Diálogo). Una tercera característica es que al operar en los márgenes del sistema educativo, la burocracia administrativa no logra asfixiar lo esencial que es aprender. Gabriel Cámara, su actual director y hombre sabio, también observa que esta condición de marginalidad permite reconocer que no es sólo la pobreza la que bloquea el aprendizaje, sino el modelo convencional de educar. Con el modelo del Conafe, “el tema, la manera y el tiempo se subordinan a lo que el tutor y el tutorado experimentan, imaginan, recrean y comparten”. Esto se realiza por medio del diálogo, que según Octavio Paz, “todas las grandes cosas que los hombres [y las mujeres] hemos hecho han sido hijas” de éste.

Investigador de la Universidad Autónoma de Querétaro (FCPyS)

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