Política exterior parroquial sin diplomacia ni rumbo

Walter Astié-Burgos

Trump sigue siendo “El Aprendiz” de su reality show, pues corre gente y maneja al gobierno como si fuera su propiedad

Aunque ya se esperaba el cese del Secretario de Estado por sus desacuerdos con el presidente Trump (llegó a calificar al mandatario como estúpido), ello confirma el caos imperante en la conducción de la política exterior. De remate se despidió al Subsecretario de Diplomacia Pública, Steve Goldstein, por revelar que Rex Tillerson fue cesado grotescamente mediante un twit. Trump sigue siendo “El Aprendiz” de su reality show, pues corre gente y maneja al gobierno como si fuera su propiedad. De la misma forma que varias de sus compañías fracasaron, que sus negocios han sido dudosos y poco éticos, y que ha estado en quiebra, su gestión como gobernante está dando resultados similares.

Más de 30 funcionarios lo han abandonado en solo 14 meses, varios de ellos encargados de la seguridad y la política exterior: desde el primer asesor para seguridad nacional hasta embajadores y el canciller. Como se especula que pronto también lo hará el actual asesor de seguridad nacional, general Raymond McMaster, se trata de un genocidio burocrático a cargo de quien no tolera opiniones disidentes. Prefiere apoyarse en incondicionales inexpertos como su yerno Jared Kushner (encargado del Medio Oriente, China, México, Canadá y de comprometedores negocios inmobiliarios). El pésimo estado de las relaciones con México ilustra fehacientemente el fracaso de los canales nepotistas ajenos a los institucionales y profesionales.

Para Trump, la importancia de los temas de política exterior está determinada por los beneficios que le reporten en la consecución de sus objetivos internos de carácter nativista, populista y demagógicos. Poco le importa distanciarse y conflictuarse con amigos y aliados, crear inestabilidad e inseguridad, abandonar espacios en favor de los rivales, o torpemente vincularse con los enemigos de su país. Por ende, su política exterior es netamente parroquial, no tiene rumbo ni dirección, y no se apoya en la diplomacia. El internacionalista Robert Kagan señala que no tiene política sino reacciones impulsivas y coyunturales. Como prefiere la confrontación al dialogo, confía más en los militares que en los diplomáticos, por lo cual aumentó el presupuesto del Pentágono en 14% y redujo el del Departamento de Estado en 30%. Kagan agrega que, lo más preocupante, es que Trump actúa como los grandes fascistas de la historia: distorsiona la realidad y vive en un mundo de mentiras, agita el nacionalismo, el fundamentalismo religioso y el racismo identitarios, utiliza su carisma de líder populista para seducir a las masas, carece de una ideología coherente, no tiene soluciones prácticas y viables para los problemas nacionales que enarbola, y externamente promueve el proteccionismo, la desunión y la confrontación.

La partida del asesor económico Gary Cohn y de Rex Tillerson reduce el número de moderados, realistas y pragmáticos, quedando Trump rodeado de radicales ultranacionalista y fascistoides como Peter Navarro y el nuevo Secretario de Estado Mike Pompeo que deja la CIA. Paradójicamente, ello ocurre cuando se desmiente que, lo que Trump y sus acólitos han sostenido ad nauseam era una vil fake news, no lo es. El Departamento del Tesoro acaba de imponer sanciones a 19 prominentes rusos y a 5 entidades de Rusia (incluyendo las agencias gubernamentales de espionaje FSB y GRU) por sus “maliciosos ciberataques” e interferencias en las elecciones de 2016. Esto explicaría los citados cambios, pues en la medida en que el Russiangate se acerca a Trump, mayormente recurrirá a la política exterior distractora. Como México ha sido un blanco predilecto, nuestras próximas elecciones nos hacen más atractivos para su cruzada nativista.

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