Pobreza y televisión

Juan Manuel Badillo

Fue un escándalo mayúsculo cuando se descubrió que los panelistas que asistían a los realities televisivos cobraban por salir a cuadro y contar sus miserias materiales y humanas.

Actualmente y gracias a ese tipo de programas la pobreza del mexicano se ha con vertido en un lucrativo negocio mediático. El caso de Laura de América en Televisa sirve para ilustrar el caso pero no es el único.

El negocio de la pobreza televisada funciona de forma piramidal, como las iglesias de Pare de Sufrir o los negocios de suplementos alimenticios. Unos invitan a otros y así hasta la eternidad.

Laura Bozzo, la peruana que dice ser más mexicana que el taco de suadero, paga a sus panelistas entre 500 y mil pesos, dependiendo de la gravedad de su tragedia.

Cada panel en este tipo de programas se conforma de 7 a 10 participantes, son elegidos por reclutadores, estos a su vez son auxiliados por reclutadores locales, ex participantes especializado en localizar gente en colonias marginales, entre sus conocidos, vecinos y familiares.

Del dinero que recibe un participante en el reality el reclutador local se queda con el 20 o hasta el 30 por ciento de la ganancia y tiene como tarea encontrar buenos asuntos y organizarlos. El equipo de producción del programa se encarga de traslada a los invitados, según sea el caso, y los preparan para la lección rápida de drama y llanto inducido.

La pedrada es según el tamaño del sapo. Si es un caso real o es uno prefabricado.

Los más lucrativos y cotizados son los casos verídicos. Por ejemplo, la muerte de un niño en los brazos de una madre que corre a buscar la ayuda de los médicos, pero el pequeño fallece en el camino, a unos metros de la entrada de emergencias de un centro de salud pública.

Tales casos son garbanzos de a libra y se pueden negociar no sólo un buen sueldo, también una serie de ayudas extras, para sepelio o terminar el cuarto donde la madre afligida vivirá ya sin su hijo, por dar un ejemplo.

En los casos fabricados se aplican distintas tarifas. Las infidelidades ya no son requeridas, el marido que le pega a su mujer no tiene ningún valor, la violación de menores en el seno del hogar tampoco llaman la atención. Pero el caso del hijo que se enamora de la esposa de su papá si amerita estar a cuadro. En todos los casos, la pobreza extrema es un requisito indispensable.

Los panelistas en este tipo de realities proceden principalmente del Estado de México, pero ha sido tanta la demanda que han tenido que ampliar su rango de actividad a los estados de Hidalgo, Puebla y más allá. Con el paso del tiempo resulta más difícil encontrar pobres con capacidad de actuación.

Moraleja. Nadie es pobre por elección, pero en muchos casos si por conveniencia.

El cineasta italiano Ettore Scola pintó la cara más terrible de la miseria en la película Feos, sucios y malos. Es una ficción, obvio, pero no le resta credibilidad.

La película es dura y crítica sobre una familia, harto numerosa y pobre en extremo.

Cuenta el caso de un hombre que pierde un ojo en el trabajo y es compensado con dinero, capital que cuida ante la amenaza de sus hijos, zánganos, que lo quieren despojar de sus ahorros.

El cineasta andaluz Luis Buñuel también desacralizó la miseria humana en una escena en la película Viridiana donde replica La última cena, con pordioseros e indigentes, asaltando una hacienda, comiendo y tomando el vino que no les pertenece.

Segunda moraleja. En la televisión como en la vida misma, la pobreza puede ser un negocio lucrativo y muchas veces el pretexto para obrar mal. Amen. FIN

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