15/09/2019
06:08
-A +A

En muchos países los planes educativos de las escuelas primarias fallan. La realidad lo confirma. Junto con materias básicas como Historia, Geografía, Aritmética y Lenguaje, otras, encargadas de valores humanos, como compasión, piedad, ética, otredad, y solidaridad, deberían ocupar espacios destacados. Las primeras estructuran a los niños y jóvenes. Las segundas humanizan y cuestionan: ponerse delante de un espejo es una de las lecciones de esas materias. Combinar ambos campos y dedicar tiempo suficiente a las humanidades y a las asignaturas tradicionales es necesario. Sin las “unas”, las “otras” pierden valor. Las materias “duras” no enfocan sus derroteros ni en la ética ni en la moral. Las segundas sí lo hacen.

Desde hace años se ha hablado del divorcio entre ciencias y humanidades; se ha dicho que los estudiosos de las ciencias se preocupan poco por enriquecerse a partir de las humanidades y que los interesados en éstas poco dedican a estudiar el impacto de las ciencias. Dicho divorcio persiste. Se sabe todo o mucho de un área específica y nada o casi nada de asuntos de la vida.

El incremento de la violencia social, económica, religiosa y militar justifica distribuir el tiempo de la escuela para sensibilizar a los alumnos. Dotar a los niños de valores humanos es esencial. Nada, salvo la conciencia individual y social modificará la realidad que nos asfixia. Sólo quienes tienen el privilegio de crecer en casas donde el dinero es suficiente para vivir con dignidad, tendrán la posibilidad de avanzar; quienes apenas cuentan con elementos mínimos para subsistir seguirán siendo víctimas de injusticias y diferencias económicas.

La historia siguiente —la he citado en otros textos— conmueve, siembra preguntas en torno a la bondad, en este caso, como atributo animal. Eric Mühsam fue un poeta judío alemán víctima del nazismo. En 1933 fue detenido y encarcelado. A guisa de ejercicio, los torturadores metieron en su celda a un chimpancé que había sido robado del laboratorio de un científico también detenido. Como parte de su entrenamiento y para entender los vericuetos de la maldad, los soldados alemanes esperaban que el simio matase a Mühsam, cuyo aspecto era lamentable. Para sorpresa de los torturadores nazis, el chimpancé abrazó al prisionero, lo resguardó y lamió sus heridas. Enfurecidos por la piedad del animal los celadores lo torturaron hasta matarlo.

La compasión y la piedad del chimpancé invita a pensar, sobre todo ahora que los genetistas han explicado que compartimos con ellos el 99% de la secuencia básica del ácido desoxirribonucleico. Dado que el medio ambiente tiene influencias sobre el ADN, si se lograsen modificar algunas conductas humanas perversas gracias a la sensibilización de los pequeños y los jóvenes podríamos remedar con más frecuencia la actitud del chimpancé.

María Zambrano ilustra: “Piedad es saber tratar con lo diferente, con lo que es radicalmente otro que nosotros”. Otredad y/o alteridad son términos poco utilizados en el léxico cotidiano. Zambrano siembra y pone en el dedo donde debe colocarse: “…saber tratar con lo diferente”. Si no lo hacemos “ya”, las diferencias seguirán incrementándose y llegará el día —no soy apocalíptico—, en el cual las distancias entre refugiados, sintecho, migrantes, pobres y víctimas de trata de blancas con el resto de la sociedad cuya economía está resuelta, explotará en detrimento de todos.

Comentarios