29 / julio / 2021 | 07:54 hrs.

PhotoFest: lo bonito no es lo mejor

Juan Manuel Badillo

Muertos y heridos. La fila para ver la exposición Inside Animal, a unas horas de que concluyera PhotoFest 2015, el miércoles pasado, era larguísima y se retorcía como las culebras que la gente iba a ver dentro de la exposición.

Una hora fue el tiempo promedio de espera para ver las fotografías de animales antes de que fueran desmontadas y remitidas a la sede de National Geographic en Washington e incluirlas en la revista que circulará en de abril.

Ingresaron en grupos de 10 asistentes, con un promedio de recorrido de 20 minutos, para ver poco más de 50 placas de mediano formato y un video donde lo más salvaje es que un grupo de leones matan a un jabalí y se lo comen a mordidas en menos de cinco minutos.

El desorden. Los problemas empiezan cuando el espectador entra a una sala pequeña y se encuentra con una exposición sin orden, con imágenes colocadas, en hilera. Placas de aves que no vuelan, de leones de que se aparean y le gruñen al espectador que fisgonea su intimidad. Imágenes colocadas sin divisiones ni aclaraciones pertinentes. Imágenes de personas, millonarios o locos, que ama más animales que a la humanidad. Mascotas de todo tipo, desde un capibara hasta boas constrictor. Inside Animal fue una exposición armada a las prisas y sin el menor cuidado. Un joven becario que explicaba sobre los casuarios e intenta ligar con una jovencita, pero eso comportamiento animal no es parte de la exposición.

Deslucido. La primera portada de National Geographic con imagen fue en 1924, aparece la bandera de Estados Unidos, en 1959 se aprecia a una mujer de Hawai para ilustrar un reportaje sobre corales. Antes de eso las portadas de la revista eran en color café y luego cambiaron al amarillo. Nada espectacular. La sala fue adaptada como si fuera una plana de la misma revista. Placas de distintos formatos y grandes textos con letra pequeña. Nada atractivas.

Discriminó. Los fotógrafos de Querétaro exhibieron en un viejo vagón de tren, mientras que los de National Geographic, es decir, los que patrocina Televisa en México, lo hicieron en las plazas públicas. Participan 40 fotógrafos locales de primer orden, entre ellos, Ramiro Valencia y Juan Carlos Romo, este último reconocido con la presea Germán Patiño por su trabajo.

El vagón y foto galería municipal de Querétaro se encuentra en la antigua estación del ferrocarril Hércules y el espacio se rescató y remodeló con un presupuesto de 300 mil pesos. “Sólo falta solucionar el tema de la circulación de gente”, dijo a El Universal el director del Instituto de Cultural del Municipio de Querétaro José Antonio Mac Gregor.

Lo mejor no es lo más bonito. Los ganadores dl PhotoFest Awards se presentaron en el segundo piso de Galería Libertad, en el “tapanco”. Héctor Guerrero, tapatío, muestra a dos estudiantes con los pechos al aíre en señal de protesta por la violencia en México, a las autodefensas de Michoacán, a militares quemando droga en las sierra.

Cristóbal Olvera, chileno, habla sobre la violencia contra las mujeres en el hogar. Sus fotos sacuden a pesar de no verse “casi” nada. Un vestido abandonado en un clóset y la leyenda, “María (por decir un nombre), 26 años, golpeada por su marido hasta morir”. Suficiente para impactar al espectador.

Judith Prat, española, gana el primer premio con una foto inofensiva, pero de mucha fuerza. Un africano toca la guitarra en medio del desastre de la guerra en su país. No eran fotografías bellas ni coloridas, como las de NatGeo, pero eran duras, y hermosas, como es el foto periodismo real y no de a mentiritas.

¿Nos hace falta? “Lejos de molestarnos, debemos ir un poco más allá y decir, qué estamos haciendo los fotógrafos de aquí para no tener presencia en este tipo de festivales”, dijo Leonardo Licea, profesor de fotografía en la Faculta de Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de Querétaro. “Nos falta, falta ambición y falta disciplina para llegar a estas ligas”, agregó el foto periodista local. FIN

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