Petrobras

Manuel Clouthier

El pasado 20 de septiembre, Enrique Peña Nieto se reunió con Dilma Roussef, para “recoger las experiencias exitosas que Brasil ha tenido en distintos ámbitos”. Entre otros, la modernización de su empresa petrolera Petrobras “porque este es un modelo que sin duda inspira lo que queremos hacer en México” dijo el presidente electo mexicano.

¿Qué ha hecho Petrobras para convertirse en modelo de éxito entre las petroleras estatales?

Petrobras se constituyó a finales de 1953 y es en el período de 1954-1997 que sus operaciones en Brasil fueron de carácter monopólico para tratar de lograr “el autoabastecimiento de combustibles”.

Fue en 1997, bajo el gobierno centrista de Fernando Cardoso, que se sentaron las bases de la transformación de la petrolera, al pasar a entenderla como una empresa. Sabían que para salir del rezago era necesaria una administración empresarial eficiente, y competencia; por eso el punto de inflexión de los resultados operacionales de Petrobras se dio después de la Ley 9478, en que se establece un ambiente de libre competencia, una visión de empresa global y apertura a capital privado, como indica en su misión:

“Actuar de forma segura y rentable, con responsabilidad social y ambiental en los mercados nacional e internacional, suministrando productos y servicios adecuados a las necesidades de los clientes y contribuyendo al desarrollo de Brasil y de los países donde actúa”.

Para que la empresa fuera más transparente y rindiera cuentas, el gobierno creó una junta directiva independiente y colocó acciones en Wall Street. Emitió acciones comunes con derecho a voto, donde el gobierno brasileño retuvo el control con el 56% de éstas, y acciones preferentes con prioridad en caso de reembolso de capital y en la percepción de dividendos, pero sin derecho a voto. Dejó establecida una política de dividendos donde los accionistas recibirían por este concepto no menos del 25% de utilidad neta en cada ejercicio.

Así, el gobierno brasileño no posee la mayoría de las acciones (32% del capital social), pero es quien tiene el control de la compañía (56% de las acciones con derecho a voto) con lo cual asegura al mismo tiempo resguardar los intereses gubernamentales, el crecimiento y la rentabilidad empresarial.

Como lo dijera Richard Taylor, alto ejecutivo de la petrolera británica BP: “Petrobras aprendió en los últimos 10 años a pensar como una petrolera internacional, pero reteniendo las fortalezas y ventajas de una empresa nacional”.

Petrobras ha dejado atrás su etapa donde el gobierno brasileño sólo pensaba en “ordeñar” las arcas de la petrolera para financiar su gasto público y sus funcionarios tenían un largo historial de corrupción y favoritismo político. Actualmente simboliza el nacionalismo brasileño, y con gran orgullo ha superado el periodo del proteccionismo nacionalista.

Hoy, tiene un plan estratégico de largo plazo donde queda claro que ha decidido ser de las cinco empresas integradas de energía del mundo, con una fuerte presencia internacional (27 países), excelencia operacional en la gestión de recursos humanos y tecnología. El sistema de recursos humanos maneja una política de excelencia que privilegia el talento mediante estímulos y capacitación permanente. En este último rubro, opera la Universidad Corporativa del Sistema Petrobras.

Tiene objetivos claros de rentabilidad y responsabilidad social, ambiental y desarrollo sustentable. Se ha propuesto y logrado aumentar la producción y reservas probadas de petróleo y gas, expandir la actuación en refinación (tiene 15 refinerías), operar sobre una base integrada en los mercados de gas y energía eléctrica, ampliar las operaciones de petroquímicos en Sudamérica y actuar globalmente fortaleciendo el mercado de biocombustibles. Brasil ha desarrollado tecnología que lo posiciona dentro de los países con mayores reservas de petróleo y gas del mundo a través de exploración y la explotación en aguas profundas que le ha dado contratos con diversos países.

Así pues, no tengo ninguna duda que los brasileños y Petrobras tienen grandes retos por superar, especialmente en los aspectos de seguridad industrial que eviten accidentes, pero van por el camino correcto al haber hecho cambios en su mentalidad y su estructura corporativa.

Mientras en México Pemex sigue atrapado en la voracidad de la corrupción y los mexicanos estamos a la espera de que venga Moisés y nos lleve a la tierra prometida, en lugar de que asumamos la responsabilidad de nuestro destino como lo está haciendo Brasil.

Empresario

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