Peligra Israel

Jean Meyer

Israel se encuentra en un momento complicado de su historia, con una guerra muy internacionalizada a su lado

Debo a Uri Avnery conocer esa puntada del historiador Isaac Deutscher: “Un hombre vive en una casa que se incendia. Para salvarse, brinca por la ventana, cae sobre un pasante, el cual queda gravemente herido. Entre los dos, surge una amarga enemistad. ¿Quién tiene la culpa?”. Así empezó el conflicto palestino-israelí. Deutscher no contestó a la pregunta de cómo resolver el conflicto.

Israel se encuentra en un momento complicado de su historia, con una guerra muy internacionalizada a su lado, en Siria, con un primer ministro implicado en varios casos de corrupción y que podría caer en la tentación bélica, para hacer olvidar sus problemas. Pero el problema de fondo es la ausencia de reglamento político de la cuestión palestina; no solamente no se ha progresado hacia una solución, sino cincuenta años de ocupación de los territorios palestinos de Cisjordania están desembocando en una anexión de hecho, con el desarrollo masivo de las colonias israelíes, con toda ilegalidad. Hay que ver el hermoso y trágico documental Cinco cámaras quebradas, realizado por el palestino Emad Burnat y el israelí Guy Davidi. La visión de los olivares de los campesinos palestinos quemados por los colonos es insoportable. Más de 500 mil colonos han invadido ya la ribera occidental y hacen, queriéndolo o no, la vida imposible a dos millones de palestinos.

 Esa anexión en marcha que no pueden parar, en una lucha pacífica, los palestinos del pueblo de Bil’in, amenaza seriamente la democracia israelí. Esa democracia, única en todo el Medio Oriente, está a la medida del éxito impresionante del proyecto sionista. Cito a Ran Halévi; “Los israelíes lograron la hazaña de crear un Estado moderno, uno de los más desarrollados, sobre ese trozo de terreno inhóspito, sin recursos naturales; acoger millones de inmigrantes venidos de todas partes; hacer florecer un idioma que dormía desde hace siglos y una cultura nacional; transformar un embrión de ejército en temible máquina de guerra con capacidad nuclear; desarrollar una agricultura próspera, una industria de punta”. (Situación de la democracia israelí). Luego, el autor lamenta la “brutalización” de la vida pública y de las relaciones entre judíos y árabes, de los dos lados de la “línea verde”.

Muchos israelíes y amigos de Israel piensan lo mismo. Un militar de alto rango, en su discurso con motivo de la conmemoración de la Shoah, el genocidio cometido por los nazis, evocó la deriva de la democracia en los últimos años de la república de Weimar, poco antes de la llegada de Hitler al poder. Dijo que olía el mismo olor feo en Israel, en la vida política, en la indiferencia general frente al racismo y a la xenofobia; encontraba en Israel, hoy, algo que recordaba “las espantosas evoluciones que marcaron Europa, y primero Alemania entre las dos guerras”. El honrado militar, jefe del Estado Mayor, fue muy criticado por haber puesto el dedo en la llaga, como lo había sido anteriormente por haber declarado que el Ejército no debía abrir el fuego contra los palestinos sin verdadera amenaza inmediata. Fue denunciado por el propio primer ministro, Benjamín Netanyahu y por varios ministros del Likud, principal partido en el gobierno.

Hace muchos años que Uri Avnery, Cassandra israelí, ha señalado el peligro, los peligros que amenazan la democracia israelí, la intolerancia creciente del gobierno, la intimidación de los medios de comunicación, lo que ha llevado a los demócratas y en especial a la izquierda a autocensurarse, callarse, alinearse sobre posiciones derechistas frente al problema palestino. Avnery, insospechable patriota israelí y defensor del pueblo palestino, me dice que las cosas van muy mal pero que la esperanza muere al final. Sostiene cada semana que cuando una nación democrática impone un yugo militar a otro pueblo, veta sus aspiraciones nacionales y coloniza ilegalmente su territorio, esa nación está en camino de perder su dimensión democrática. Las violaciones repetidas de la ley acaban con la noción misma de ley, las violencias contra los palestinos se normalizan, banalizan. ¿Adiós, Democracia, adiós?

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