Pedofilia e Iglesia

21/07/2019
05:48
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La semana pasada presenté el ensayo de Serge Besancon, “La Iglesia, esposa y madre en la crisis de los sacerdotes perversos” (Commentaire,165, 2019). Compara la conducta de la Iglesia, frente a la pedofilia, a la de la madre frente al incesto cometido por su esposo. Negación de la realidad, secretismo para evitar el escándalo, renuncia a su papel de madre y esposa. Es una patología que responde a la patología del pedófilo. Algo que no facilita la solución de la crisis y explica, pienso yo, que sea interminable.

Un caso de pedofilia eclesiástica concierne a tres personas, la víctima, generalmente ocultada cuando no acusada, el sacerdote agresor en su papel de “padre”, y la Iglesia que es la madre de los cristianos, de la víctima y del agresor. Históricamente ha manifestado preocupación por el agresor que por la víctima.

Hasta hace poco, la Iglesia, cuando reconocía la culpabilidad del perverso, lo desplazaba geográficamente, lo mandaba a otra parroquia, o a otra diócesis, otro país, otro continente. Muchas veces sin avisar del motivo de la mutación. Equivalía a mandar a un pirómano al bosque. Está comprobado que la gran mayoría de los perversos no resiste a la pulsión y repite el acto sobre nuevas víctimas. En el mejor de los casos, cuando los que reciben al sacerdote en su nueva afectación conocen su expediente, lo alejan de los niños. Pero la víctima queda olvidada y el crimen no recibe su castigo, y la Iglesia queda manchada, paralizada por su miedo al escándalo, por lo tanto, cómplice.

Parece que las cosas empiezan a cambiar y que el Papa ha aceptado que este crimen revela tanto del poder judicial del Estado, como de la justicia eclesiástica.

En el Catecismo de la Iglesia Católica hay un artículo sobre el incesto que reza así: “se puede relacionar al incesto los abusos sexuales perpetrados por los adultos sobre los niños o los adolescentes confiados a su guardia” (2388) y remite al artículo 2285, sobre el escándalo hecho a los pequeños.

La mayoría de víctimas de los “padres” pedófilos son niños. Eso aleja al pedófilo eclesiástico del siglo XX y XXI de la pedofilia que afecta por parejo a niñas y niños. En cuanto a los incestos en el seno de las familias, las víctimas son principalmente las niñas.

¿Qué hacer? La Iglesia protegió a sus hijos perversos, los sacerdotes, no solamente por solidaridad gremial, sino por miedo. Ahora debe enfrentarse a sí misma, debe entregar a los culpables a la Justicia, debe cesar de aceptar el “daño hecho a estos pequeños”, debe examinar sus posiciones doctrinales sobre el sexo y la continencia, el celibato sacerdotal, el matrimonio y el divorcio.

 Es un historiador mexicano de origen francés. Obtuvo la licenciatura y el grado de doctor en la Universidad de la Sorbonne.

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