23 / junio / 2021 | 00:04 hrs.

Pasta al mezcal con un toque de maguey o la importancia de llamarse Harry

Vianey Arroyo

En medio de un festival en el que están sucediendo muchas cosas y seguirán sucediendo por seis días más, me refiero al FICG (Festival Internacional de Cine en Guadalajara) se está cocinando lo que me parece una exquisita mezcla de sabores.

La pasta. Para nuestra receta de hoy, primero pones la pasta y salpimentas. En otras palabras, la nación invitada es Italia y el galardonado el Director Bernardo Bertolucci quien nació en Parma, en sus inicios asistió a Pier Paolo Pasolini, ha realizado polémicas producciones como El último tango en París, lo mismo que ha ganado numerosos reconocimientos. Y entre muchas otras películas, hizo algunas adaptaciones de libros como El conformista, El último emperador, El cielo protector o la más reciente Tú y yo (2012).  A Bertolucci se  le otorgó el Premio Mayahuel al cine Internacional, pero desgraciadamente el poeta del cine  por razones de salud no asistió al Festival.

Tips para una mejor cocción. Además, por la página web del FICG nos enteramos de que se están llevando a cabo diversas actividades en torno al país huésped que tienen que ver por supuesto con su industria cinematográfica, como la Cátedra Julio Cortázar  en la que participa Bruno Bozzetto, famoso animador italiano, pero también con su gastronomía.

Sazón tradicional. Para darle un sabor muy mexicano agregas un chorrito de mezcal. Desde el 2007, El Premio Mezcal considera  a todos los largometrajes que  se estrenen a nivel nacional  en el marco del festival en cualquiera de sus secciones.  Este año se agregan dos categorías: Hecho en México y Mexicanos en el extranjero.

Para dar un sabor dulce y gourmet,  acompañamos con unos quiotes (flores) de maguey.  Desde hace cuatro años existe una sección, dedicada a las producciones que se refieran a la diversidad sexual. En esta ocasión el Premio Maguey en su categoría  Homenaje Póstumo, tiene una dedicatoria especial al director, y  escritor italiano Pier Paolo Pasolini, quien  es conocido por su extraordinario trabajo y que en su momento causó controversia a causa de su homosexualidad.

El postre. Entre muchas otras novedades que tiene la edición número treinta de este evento, la cereza del pastel, al menos para nuestra causa, es El Principio del film, un espacio que se dio este domingo, dentro de la sección Industria,  dedicado a la negociación de los derechos de obras literarias para poder llevarlas a la pantalla, al menos en Latinoamérica. Otro de sus objetivos fue debatir sobre las políticas referentes a las adaptaciones a nivel internacional.

No necesitamos ser expertos para saber que la versión fílmica de una novela, una saga o un relato, tendrá  éxito casi asegurado. Para el público es como una especie de garantía el que una película haya salido primero de la pluma de un escritor, quizá porque es más reconocido como artista que el guionista. Si el libro es bueno o por lo menos muy vendido, entonces surge algo así como un morbo automático por ver si la cinta logra también conquistarnos; lo curioso es que aunque nos guste, casi siempre salimos de la sala de cine diciendo: “el libro es mejor”. Si no hemos leído el original, será pretexto ver el filme para conseguir el impreso y comenzar a hacer comparaciones.

La pregunta  aquí es cuál es la importancia de que se desarrolle un foro como éste. Un libro no siempre es fácil de adquirir o a veces de entender por diferentes razones, así que la  forma masiva y simplificada para que se dé a conocer un escrito, de hecho, quizá la mejor manera es a través de la versión en cine. Y digo la mejor porque por ejemplo, seguramente hay obras de países no hispanohablantes que son sublimes, sin embargo nos tenemos que conformar con las traducciones a nuestra lengua, pero esa lectura se ve enriquecida cuando podemos ver las diferentes interpretaciones visuales del texto.

Recordemos películas mexicanas basadas en libros de autores también mexicanos como; La vida conyugal de Sergio Pitol; Dos crímenes de Jorge Ibargüengoitia; Las batallas en el desierto de José Emilio Pacheco; Como agua para chocolate de Laura Esquivel; así como las contribuciones a la literatura latinoamericana de países como Uruguay con La tregua de Mario Benedetti  o Colombia  con  El coronel no tiene quien le escriba de Gabriel García Márquez;  también la visión mexicana de obras como: El crimen del padre Amaro de Eça de Queirós de Portugal o Crimen y castigo de Fedor Dostoievski de Rusia, por mencionar sólo algunas.

Por eso, es sumamente importante el hecho de que exista esta plataforma dentro del FICG, primera en América Latina, en la que participan principalmente productores y agentes literarios para sentar con mayor claridad cuáles deben ser las reglas para las adaptaciones. De no existir espacios como El principio del film  ¿ustedes creen que de verdad tantos millones de personas en el mundo conocerían historias como la de Harry Potter?

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