Pacto por México

Juan José Arreola

La situación exige compromiso de todos: candidatos, partidos políticos, periodistas, profesionistas, ciudadanía en general.

Todos los candidatos a puestos de elección, sea la Presidencia de la República, al Senado, para diputados (federales y locales) o para presidentes municipales, bien harían en entender las tres principales preocupaciones de la población y, por consecuencia, proponer alternativas de solución.

La triada social. De acuerdo a más de una decena de estudios de opinión que se han realizado durante 2016, 2017 y en el presente año, los tres problemas que mayormente aquejan a los mexicanos son: la corrupción y la impunidad; la violencia y la inseguridad; la pobreza y la inequidad.

Para ir más allá de la retórica —es decir, del discurso plagado de compromisos y promesas pero sin sustento real y comprobable y, por consecuencia, sin certeza de que se vayan a cumplir—, es menester que todos los aspirantes a gobernar aborden estos temas y planteen mecanismos para avanzar en su solución.

Está claro que son asuntos que no se resolverán en un trienio, y es poco probable que se zanjen en un sexenio. Son temas que trascienden los periodos gubernamentales y rebasan las posturas partidistas.

La tarea que hoy tenemos frente a nosotros, los mexicanos, es encontrar una solución real a esta problemática que corroe las entrañas del país y las de nuestra sociedad.

Por el país. Para resolver estos tres problemas es necesario el compromiso y la coordinación de trabajo de los tres niveles de gobierno: el federal, los estatales y los municipales. Enfrentar alguno de éstos de manera disociada es ir directo al fracaso, como ha sucedido hasta ahora.

Por consecuencia, pensar que un solo gobernante (Presidente), apoyado exclusivamente por senadores, diputados y munícipes de su partido o coalición política, resolverá la gran encrucijada en la que nos encontramos es fantasía y representa un grave riesgo para el futuro inmediato de la nación.

Que un candidato gane el Poder Ejecutivo y tenga mayoría en el Legislativo imposibilitará que estos tres temas comiencen a resolverse, pues la crítica y el cuestionamiento se reducirán, dando paso al apoyo automático. De igual manera, si el próximo Presidente de la República es de un partido y la mayoría del Poder Legislativo es de otros partidos y se empeñan en bloquearlo, igual será el resultado. México necesita un gran pacto que se empeñe en resolver esta problemática que está destruyendo a la nación.

Hasta el momento de escribir esto, ningún candidato ha planteado propuestas realistas que tengan como objetivo comenzar a construir la solución a esta condición.

Cada quien cree que tiene la verdad; cada partido político afirma que los demás han sido omisos, negligentes o parte de la estructura gubernamental que ha impedido dar pasos sólidos para salir del atolladero. Los candidatos no se atreven a decir que coinciden con la propuesta de otro de los contendientes.

Lo peor es que algunos aspirantes a gobernar municipios o a ser diputados locales aseguran que en la localidad o demarcación que quieren representar sí se frenará la delincuencia, se combatirá la corrupción y se acabará la pobreza, independientemente de lo que pase en el resto del país. Se agrava la situación más cuando colegas periodistas asumen una postura político-electoral pública y expresan posiciones contra los otros contendientes. Reporteros que trasladan sus simpatías electorales al trabajo periodístico, convirtiéndose en militantes orgánicos de opciones partidistas en lugar de fomentadores del conocimiento ciudadano.

El reto. La situación exige compromiso de todos: candidatos, partidos políticos, periodistas, profesionistas, ciudadanía en general. Si no apostamos por un mejor futuro, por un acuerdo nacional, y en su lugar preferimos dar paso a la confrontación y al encono, cualquiera que sea el próximo Presidente de México perderá el control.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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