Otras innombrables

Eduardo Mejía

En el cine era posible ver las piernas de las actrices en los años 30’s a 40’s, sobre todo en los bailes, cuando giraban y se levantaban sus vestidos ampones; los espectadores admiraban más esos fugaces momentos, que su habilidad para la danza

Los diversos aunque no muy abundantes nombres de los glúteos eran impronunciables en público, pero las prendas que los cubrían lo eran aún más; era más fácil verlas que describirlas; por eso, en Tarde de agosto, fue excitante ver un instante las pantaletas de la joven Gloria Leticia Ortiz cuando se pone pantalones, tanto como escuchar a la adolescente Elizabeth Dupeyrón decir que se había mojado toda al caer en el lago de Chapultepec, pero “los calzones no”, en la misma película.

En el cine era posible ver las piernas de las actrices en los años 30’s a 40’s, sobre todo en los bailes, cuando giraban y se levantaban sus vestidos ampones; los espectadores admiraban más esos fugaces momentos, que su habilidad para la danza, más admirable que la de sus compañeros Fred Astaire, Bing Crosby, Gene Kelly o Donald O’Connor, porque hacían los mismos pasos, sólo que “con tacones y hacia atrás”.

Una de las mejores bailarinas, Ginger Rogers, mostró las pantaletas a un vecino, en una escena sin música, cuando trae la falda levantada en Monkey Bussines del muy pícaro Howard Hawks, ante los apuros de su marido Cary Grant; el mismo Hawks reveló las de Katharine Hepburn a quien accidentalmente se le rompe la falda en Domando al bebé, y es el mismo Grant el que debe taparlas con su sombrero, en una fiesta multitudinaria.

Más audaz fue el cine mexicano cuando en El que tenga un amor, se ven en una fotografía las nalgas de una modelo de espaldas a un espejo, casi 15 años antes de que comenzaran los desnudos de las inmóviles Kitty de Hoyos, Amanda del Llano y de la más prolífica Ana Luisa Peluffo; en esa cinta de los años 40 la muy pícara Gloria Marín dice frases de doble sentido, que las acentúa con el gesto, y se levanta la falda para que Emilio Tuero le vea una cicatriz en una pierna, que ya antes le había visto Julián Soler; la misma Gloria Marín (tan seriecita en muchas otras cintas) es expuesta como trapecista en La venenosa, cuando sube al trapecio, y José María Linares Rivas admira, todo inquieto, sus glúteos cubiertos por un insinuante traje de baño.

Meche Barba alguna vez se quejó de que la censura en el cine mexicano impidió que las actrices de buen cuerpo mostraran las pantaletas, aunque las de ella fueron expuestas brevemente en una escena de baile en Músico, poeta y loco, con Tin-Tan, que a manera de desquite miraba con ojos golosos los traseros de cuanta bailarina alternaba con él en todas sus cintas, y con él se vieron las piernas de Marga López con una bata abierta, y las pantarrab en un discreto can can. También con Tin Tan la más piernuda Rosita Quintana muestra pantaletas bailando swing; Quintana fue muy audaz, aunque sólo con exposición de piernas, en Menores de edad, en la que engaña a todos menos a un niño que sospecha que no es tan menor de edad.

En la vida real, en los años 40 a principios de los 60 los caballeros atisbaban la intimidad femenina cuando ellas subían o bajaban de los autos y de los camiones, como Lilia Prado en La ilusión viaja en tranvía; con un pretexto más válido, la muy bella y desinhibida Sophie Marceau en Lost and found, abre las piernas para tocar el chelo y se le atisban las pantaletas, en una escena muy poco excitante, comparada con muchas otras en que se le contempla desnuda, menos en Marquise, donde hace machincuepas (marometas), pero no a la vista del espectador (la leyenda mexicana de la Machincuepa es mucho más atrevida), cuando en otras cintas fue audaz y complaciente.

En una siguiente entrega se hablará del azaroso tránsito de la ropa íntima femenina, casi invisible antes de la llegada de la minifalda, y que es narrada por Lola Gavaldón, nacida en 1952, año de transición. Antes de esa generación, cualquier mujer a la que se le vieran los calzones era estigmatizada (como las que los enseñaron en La casa del ogro o en Cada quien su vida, ambas con el pretexto de una pelea entre mujeres, donde son muy  exhibicionistas); después, hasta la “novia de la juventud” Angélica María fue expuesta en Ya sé quién eres, y en varias escenas de Cinco de chocolate y uno de fresa, al trepar un muro, al revolcarse con Fernando Luján y al sentarse en la Alameda. Antes de esas fechas, las pantaletas eran gruesas, opacas, su único adorno solían ser olancitos; después fueron vistosas,  semitransparentes, hasta con adornos y a veces con letreros. Y no fueron esos los únicos cambios. Previo a eso se les llamaba secamente pantaletas y en La Familia Burrón, tarzaneras. Ahora a esas se les conoce como “grannies”.

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