Orfandad electoral

No. Los días electorales que vivimos no son buenos. Se respira mentira, interés, calumnia, desinformación,
27/05/2018
03:09
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Periodista cultural.

No. Los días electorales que vivimos no son buenos. Se respira mentira, interés, calumnia, desinformación, manipulación, corrupción e impunidad en la atmósfera. La orfandad electoral que nos invade entristece nuestras almas y lacera nuestros corazones. Nos obligan a elegir a quienes no queremos. A los que se dicen “nuestros candidatos” jamás los aprobamos, y tampoco se identifican con nuestras necesidades. Sólo, tal vez, con las de quienes los postularon. Sus discursos vacíos ofenden, denigran. Nos indignan las absurdas promesas que sabemos que no cumplirán o, si bien nos va, lo harán a medias, “a la mexicana”.

Tenemos una democracia coja, humillada, acotada por delincuentes formales e informales ahítos de dinero público, adictos a él. Quisiéramos ver esa luz de la que nos hablan las iglesias, pero atrás de su destello sólo se ve la oscuridad de una fe confabulada con organizaciones políticas o criminales. Sí. Es duro decirlo, pero ni rezando diario al medio día por el país, como pide una estación de radio citadina, alcanzaremos la esperanza.

Mucha gente está harta de simulaciones e información falsa vestida de verdadera y realizada por profesionales de la mentira; las cifras son contradictorias y confunden hasta al más informado.

¿Cuánto cuesta llevar a votar a las urnas a quienes no se sienten representados? Es insultante que el precio del voto llegue a costar 135 pesos (EL UNIVERSAL, Juan Altamirano, /04/03/2018) y que, multiplicados por las 93 millones 900 mil 945 boletas que se han impreso, dan como resultado el costo real de la “democracia”.

Ciro Murayama ha dicho que si en 2017 se gastaron 22 mil pesos por casilla, en 2018 se tendrían que destinar 3 mil 410 millones de pesos (Sipse, Elecciones de 2018, las más caras de la historia de México, 04/julio/2018). Los candidatos presidenciales gastaron 67 millones 222 mil 417 pesos en la precampaña, y en la campaña el monto se elevó a 429 millones 633 mil 325 pesos.

Nos agobian los números y la liviandad gubernamental que siempre cobija a los mismos. Ejercer la política como profesión se ha desvirtuado hasta convertirse en mera oportunidad de hurto; es carrera donde se tejen las complicidades más viles para perpetuar que hijos, hermanos, sobrinos o amigos no queden jamás desprotegidos.

¿En qué país vivimos que, públicamente, un aspirante puede prometer mochar manos y dar latigazos a corruptos? ¿No es eso incitar a la violencia? Cualquiera sabe que eso va contra nuestra Constitución Política y Tratados Internacionales. ¿Son éstos los políticos que dan imagen al México de hoy?

No quiero pensar que sí, pese a que llevamos cerca de 100 candidatos y/o familiares ejecutados en estas campañas. Y si el año pasado tuvimos 29 mil 168 asesinatos, resultaría congruente que un candidato propusiera barbaridades como ésta y vea estas cifras insignificantes.

Además nuestra orfandad electoral registra más de mil candidatos renunciantes por violencia, según reporta la prensa; el INEdice que por “motivos personales”, pero alguien que ha sido amenazado ¿diría que es por otra razón? Tan sólo en Guerrero 190 postulantes habían renunciado hasta el 18 de mayo. ¿No le parecerán sospechosas a la autoridad mexicana estas enormes cifras? ¿No será esto motivo para bajar la cortina, cancelar la elección en estas zonas y solucionar caso por caso hasta encontrar la verdad?

¿Hasta dónde tendremos que llegar para entender que la que vivimos no es la democracia que merecemos? ¿Los ciudadanos y los gobernantes no hemos entendido que la gobernabilidad sin rendición de cuentas ha generado un monstruo que no es privativo de México, sino de gran parte del mundo? De los periodistas asesinados mejor no hablar. Son lágrima aparte que no se lloran en vano.

 

 

 

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