Oooootra reforma electoral

Arturo Maximiliano García

Reformas electorales van y vienen, todas son vendidas por sus autores como la reforma definitiva, esas que dicen ajustarse a todos los supuestos que las experiencias democráticas pasadas nos han dejado.

Sin embargo, en política no hay nada más relativo que lo definitivo, toda vez que las circunstancias y los protagonistas de una elección a otra cambian y con eso se modifican las reglas del juego, por el interés general o por el interés particular de quienes toman las decisiones.

En esta combinación de intereses de los actores y de las necesidades generales, encontramos sin duda elementos transformadores de nuestra democracia, como la creación de diputados de partido y luego los plurinominales, hoy cuestionados pero antes necesarios, la creación de un organismo autónomo como árbitro de los procesos electorales, la regulación de la vida de los partidos, la reglamentación de las campañas políticas y los medios de comunicación en ellas, así como recientemente la reelección y las causas de anulación de las elecciones.

Sin embargo, pareciera que las reformas electorales de 2007 y 2013, fueron en parte estrategias de quienes negociaron las reglas del juego, buscando cómo cerrar el camino a algunos personajes transitorios de la política, dejando elementos para que quienes tienen el poder sí puedan seguir operando amparados por la ley.

Así, se dejaron fuertes prerrogativas económicas a los partidos y una gran cantidad de espacios gratuitos en televisión y radio, los cuales saturan a la sociedad sin darnos algún elemento propositivo, llenos de retóricas y de acusaciones entre los actores que pueden abusar de estos tiempos legales. Pero no contaban con que otros partidos podrían crearse accediendo a estos beneficios y usándolos de manera aún más eficiente y directa.

Por lo mismo, ya se cocina otra nueva reforma electoral, conocida como Ley Beltrones, donde en principio buscarán que los tiempos de los partidos no puedan ser usados para promocionar persona alguna. Sin duda una disposición dirigida principalmente hacia Andrés Manuel López Obrador, pero seguramente y de manera más discreta respaldada por quienes perciben que otros líderes partidistas podrían tomar ventaja de esta situación por si se ofrece.

Pero si van a abrir la ley electoral a revisión, no deben olvidar un tema fundamental, el financiamiento de las campañas e incluso de los mismos partidos, debiendo dejar atrás el principio de que el financiamiento público debe prevalecer sobre el privado y dar paso a la realidad que todos parecen querer tapar, que las campañas están financiadas principalmente con recursos privados, mismos que se gestionan, aplican y recompensan en la sombra de las campañas y los gobiernos.

Otro tema debe ser la regulación de la reelección. ¿Harán campaña en pleno ejercicio de sus funciones o tendrán que pedir licencia? ¿Cómo hacer compatible la reelección con la equidad de género? Mi posición es que ambos derechos son incompatibles.

Pero cómo lograr una reforma definitiva es cuestión de principios superiores, es quizá pasar de una legislación que prohíbe y regula todo, digamos conservadora a una liberal pero transparente, que quite las prerrogativas de tiempo gratuito en las radiodifusoras concesionadas, abra el libro de las aportaciones privadas a partidos y candidatos, que permita a cualquier aspirante en cualquier momento manifestar aspiraciones e incluso, con recursos transparentes vaya presentando su propuesta a su potencial electorado.

Antes de envolverse en el argumento de que la ley garantiza la equidad entre competidores, quizá valga reflexionar si no ha sido el surgimiento de líderes e ideas, así como el hartazgo de los electores lo que tiene mayor injerencia en los grandes cambios democráticos, lo cual podemos ver en países como España o en el nuestro con los candidatos independientes que sin contar con recursos como los partidos, sus candidatos lograron importantes victorias.

Qué nos traerá la reforma que seguramente habrá con vías a las elecciones de 2018 es aún incierto. Hasta qué punto se harán ajustes para seguir abriendo la participación democrática o si sólo será una estrategia concertada entre varios partidos para cerrar alternativas a un aspirante, lo desconozco. El guión y el final de esta nueva película de reforma electoral estará escribiéndose muy pronto en los comités ejecutivos de los principales partidos y en el propio Congreso de la Unión.

Abogado con maestría en Políticas Públicas. @maximilianogp

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