¿Obedézcase pero no se cumpla?

Carlos de los Cobos

“La verdad se corrompe con la mentira y el silencio”, Cicerón.

Recuerdo a uno de los mejores catedráticos de la Facultad de Derecho de la UAQ, el Dr. Juan Ricardo Jiménez, cuando nos impartía historia del Derecho en México y nos explicó la figura jurídica del “obedézcase pero no se cumpla”, la cual es propia, típica y endémica del Derecho Castellano, cuyo uso se generalizó durante siglos como medio válido para dejar de aplicar aquellas normas que, pese a haber sido promulgadas por autoridad legítima, suponían una vulneración de las leyes o fueros propios, normas, usos o costumbres del lugar. De esta manera la Auctoritas del Rey quedaba salvaguardada, y las normas del lugar, que allí se consideraban justas, seguían rigiendo con plena eficacia.

Ahora bien, en clara referencia a la reforma constitucional en materia electoral, algunos actores políticos a nivel nacional se han pronunciado, de forma anti sistema, por desobedecer el mandato expedido por el Poder Reformador de la Constitución o Poder Constituyente Permanente, el cual sí existe, pues hay quién, en su excelsa ciencia, duda que tal Poder exista.

Señoras y Señores, con independencia de nuestras “creencias e intereses” particulares, el Constituyente Permanente reformó la Constitución y estableció nuevas reglas del juego político – electoral. Tal reforma, esté o no bien hecha, resuelva o no los problemas de la democracia en México debe cumplirse, no sólo por ser ley sino porque en ella se encuentra depositada el diseño y el canal de transmisión del poder político en nuestro país.

La SCJN ha establecido que el amparo o algún medio de defensa constitucional no procede tratándose de reforma al propio Texto Político, sino sólo en aspectos formales, es discutible, pero jurisprudencialmente definido. Por otro lado, debe decirse de forma abierta que, la legislación secundaria expedida por el órgano competente y el procedimiento establecido es conforme a la Constitución y podrá someterse a un ejercicio de escrutinio estricto para verificar que los postulados fundamentales de la Norma Normarum se cumplan, sólo así podría dejarse de aplicar, esto es, salvo sentencia constitucional aditiva o interpretativa en contrario; en la especie, la dictada en acción de inconstitucionalidad o en los diversos medios de impugnación en materia electoral con motivo del primer acto de aplicación.

Lo anterior, supone un ejercicio crítico de estudio y confrontación constitucional para analizar si debe o no aplicarse una ley electoral y sus instituciones; decir que no se aplique sin argumento o por falacia de petición de principio equivale, como algún político sureño afirmó: “a mandar al diablo las instituciones”.

Por ello, estimo que el legislador queretano tiene la oportunidad histórica de expedir una ley electoral local conforme a los principios fundamentales que marca la Constitución federal y no “jugar” como pretenden algunos sabios de la democracia a “torpedear” el proceso electoral y provocar o la nulidad de una elección o en su caso, la reversión de la ley en sede constitucional.

La construcción de una ley local electoral está delineada por el propio Constituyente Permanente, los principios de Derecho y la jurisprudencia de la SCJN y el Tribunal Electoral en su faceta de Tribunal Constitucional. Establecer de antemano figuras o esnobismos ineficaces por meter el pie al otro e interés propio, así como engañar vendiendo a la sociedad “espejitos” me parece atentatorio al régimen democrático, y además de todo, la sociedad queretana no merece eso.

En ese tenor, vale la pena recordar nuevamente, que las grandes democracias han avanzado en el mundo, porque justamente, las elites en el poder “pactan” reglas e instituciones que procesen pacíficamente el conflicto como bien lo ha sostenido Bovero. Y lo contradictorio del caso, realizar mal una reforma o inducirla al error es estropear y colocar bombas de tiempo por acción u omisión en una ley que nada más y nada menos legitimará a una nueva Legislatura, 18 Ayuntamientos y el titular del Poder Ejecutivo en Querétaro.

Estimo que los intereses mezquino y protagonismos insulsos se dejen de lado y se permita al legislador crear una norma que abone a la democracia, pues en la nueva arquitectura constitucional difícilmente se engañará al juzgador federal en materia electoral.

Doctor en Derecho por la Universidad Panamericana y especialista en justicia constitucional

Comentarios