Nuevos partidos, nuevas políticas

Arnulfo Moya Vargas

Tributarios del derecho de asociación han nacido tres nuevos partidos: Movimiento Regeneración Nacional, Frente Humanista y Encuentro Social. Siempre será saludable que los ciudadanos mexicanos tengan opciones adicionales para elegir participar en política y la presencia de nuevos partidos amplia el potencial de pluralismo de nuestra relativa democracia.

Aunque la crítica nacional se ha centrado en objetar el sistema de financiamiento de estas nuevas formaciones, inclusive han enfatizado una presunción de ilegitimidad, considero que las insuficiencias de estas organizaciones no provienen de la debilidad que tienen para financiarse por sí mismas, ya que otras formas de subvención serían peores a las actuales previstas en la legislación electoral.

El Instituto Nacional Electoral (INE) otorgó a los nuevos partidos un registro condicionado recurriendo el viejo sistema de protección política vigente en los años setenta, en el cual la Secretaría de Gobernación condicionaba quien sí y quien no accedía al registro como una vía hacia la adquisición de la personalidad política. Este es un precedente inaceptable ya que sin cuestionar el derecho de formar partidos, el INE actúa como la añeja Secretaría de Gobernación y condiciona el registro. Lo que debió de hacer era constatar si —de acuerdo a la Constitución y a las leyes las organizaciones de ciudadanos— reunían o no los requisitos. En el primer caso, otorgar el registro sin adjetivos y en el segundo, negarlo sin adjetivos.

Por otra parte, sin cuestionar el derecho a formar partidos políticos, considero que por sí misma la presencia de nuevos partidos no genera más democracia ni fortalece per se al régimen electoral en nuestro país.

Esperemos que el nacimiento de los nuevos partidos con su proyección en Querétaro signifique nuevos proyectos ideológicos, vehículos auténticos de acceso ciudadano al poder, verdaderas instituciones de interés público que fortalezcan la representatividad política.

Sería un error adscribir a priori estos tres partidos nacientes a familias ideológicas determinadas. Todavía no existen bases para decir si son de “izquierda”, “derecha” o “centro.” Morena, identificado por su líder real Andrés Manuel López Obrador, de forma errónea es identificado con la “izquierda” pero no existen bases ni ideológicas ni programáticas para afirmar que así sea y por ende, para afirma que sea un competidor del Partido de la Revolución Democrática.

En el caso de los recién creados Frente Humanista y Encuentro Social, el primero parece ser una vertiente de ex panistas y el segundo, producto de grupos cercanos a una asociación religiosa.

Es inevitable observar que el resorte creador de estas opciones viene de Gobernación —lo que no es malo en sí mismo— que pretendió restarle protagonismo a Morena para sembrar la semilla de dispersión del voto y de la inconformidad social con el tradicional sistema de partidos. Aunque parecieran estos dos nuevos partidos son más débiles o poco “populares” sería un enfoque incorrecto el desprender que su vida electoral será breve, es tan amplio y diverso el país que bien pueden mantenerse en el sistema de partidos si logran un trabajo organizado de identificación con la población y se ganan la confianza de ésta en las elecciones.

Estas tres opciones van a impactar en nuestra elección estatal y, sin duda, en el caso de Morena se convierte en el fiel de la balanza para la elección de gobernador el próximo año.

Los votos que puede transportar del PRD o del conjunto de la izquierda, por modestos que sean, pueden representar la diferencia entre el PAN y el PRI.

Lo ideal sería que se aglutinara la izquierda local y con el partido en el cual milito, el PRD, para ofrecer un polo progresista con un programa común y un candidato único, pero desde hace mucho aprendí que tampoco la filantropía o el patriotismo son muy comunes en la oposición.

 

Abogado

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