Nueva visión del vecino del sur

Enrique Berruga Filloy

A una semana del primer debate presidencial en Denver, todas las encuestas confirman que Mitt Romney ha cerrado la brecha a solamente dos puntos porcentuales frente al presidente Obama. El ex gobernador de Massachusetts no solamente fue mejor preparado, sino que utilizó una estrategia muy inteligente, dejando venir los ataques de Obama para utilizarlos en su favor; usó el foro para desmitificar lo que los demócratas creen que dice Romney. Así, frente a cada crítica, el candidato republicano se convirtió en un saco de paja al que no le hacían mella los golpes. Romney usó a Obama para clarificar ante el electorado lo que piensa y lo que no piensa hacer si llega a la Casa Blanca. Al final del ejercicio, el ex vicepresidente de Estados Unidos, Al Gore, justificó la pobre actuación de Obama señalando que “la altura de Denver (mil 600 metros sobre el nivel del mar) afectó su desempeño”.

En menos de un mes sabremos quién será el nuevo presidente de Estados Unidos. La renovación de poderes que habrá en Washington coincidirá con el cambio de gobierno en México. Esta situación sólo ocurre cada 12 años y nuestro país debe capitalizarla al máximo. El gobierno de Enrique Peña Nieto debe tener un plan B, en caso de que se materialice una victoria de Romney. Pero ante todo, debe tener un plan A para que, independientemente de quién gane el 6 de noviembre, los intereses mexicanos sean más oídos y mejor impulsados en el vecino país.

Ha sido tan escasa la atención que los dos candidatos a la presidencia de Estados Unidos han brindado a los temas de importancia para México, que prácticamente cualquier avance será eso, un avance.

El presidente electo de México visitará Washington cuando hayan pasado las elecciones norteamericanas y, francamente, sea quien sea el vencedor, la línea de argumentación del nuevo mandatario mexicano deberá ser prácticamente la misma: ya es hora de que Estados Unidos reconozca la importancia vital que México representa para su bienestar y, por ende, la relación tiene que actualizarse y fijar nuevas bases de entendimiento. Ante los ojos norteamericanos resulta fundamental dejar en claro que México se ha convertido en una sólida fuente de prosperidad y crecimiento económico para Estados Unidos. Los asuntos del crimen organizado y de la migración nada tienen de nuevo en la relación bilateral y lo más que puede esperarse de ellos es que ambos gobiernos sepan administrarlos y ampliar los cauces de la cooperación.

No obstante, en los temas más productivos de la agenda bilateral, los que verdaderamente están cambiando la química de la relación, México no puede desperdiciar la oportunidad de los cambios simultáneos de gobierno para subrayar su importancia estratégica.

ABC News encontró una pista que la diplomacia mexicana debe explotar cabalmente. Han iniciado una serie de reportajes sobre las cosas que los estadounidenses ignoran sobre México.

El comercio con nuestro país es responsable de 6 millones de empleos en Estados Unidos. Añadiría un dato: estos empleos representan más de la mitad de los empleos que tanto Mitt Romney como Barack Obama pretenden crear si llegan a la presidencia.

Las exportaciones de Estados Unidos a México rebasan los 200 mil millones de dólares anuales; esto supera la totalidad del comercio norteamericano con Brasil, Rusia India China y Sudáfrica (los BRICS) combinados. Es decir, México posee cartas credenciales más concretas y de peso que algunos países que están de moda.

México es el destino número uno o número dos de las exportaciones de 22 estados de la Unión Americana.

Los estados fronterizos son los que más se benefician de los intercambios con México. Pero también algunos más distantes como Michigan, que es el tercer lugar nacional, o estados clave para esta elección como Illinois (la patria chica de Obama, que ocupa el quinto lugar nacional) y Ohio, que resulta determinante para llegar a la Casa Blanca y que se encuentra en sexto lugar como exportador a México.

De cada dólar que comerciamos con Estados Unidos, México usa 40 centavos de insumos norteamericanos y 60 de componentes fabricados en nuestro país. Esto expresa el grado de integración de las cadenas productivas entre ambos países.

En el caso de los productos chinos que llegan a EU, solamente 4 centavos poseen contenido norteamericano. Washington tiene que empezar a apreciar la importancia y la mayor equidad que representa su sociedad con México frente a otros actores del resto del mundo.

Basados en estas realidades, la receta para el futuro inmediato no es tan complicada: es cuestión de que Estados Unidos cobre conciencia plena de la importancia objetiva que México representa y que nuestro país capitalice su posición dentro de la principal economía de nuestro tiempo.

Presidente del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales

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