Niño migrante ahogado despierta conciencias en el mundo

Gonzalo Guerrero Renaud

La fotografía del niño sirio Aylan Kurdi, de tres años de edad, que fue encontrado ahogado en una playa de Turquía, luego de que pereciera en el mar junto con su hermano de cinco años y con su mamá, nos conmovió a millones de personas en todo el mundo y ha despertado las conciencia de muchos para preguntarnos qué es lo que está ocasionando la migración de cientos de miles de personas de África y del Medio Oriente hacia Europa y qué podríamos hacer para solucionarlo.

La familia de Aylan se dirigía de Siria a Grecia, huyendo de la guerra civil que hay en su país. La difusión de su imagen ocasionó que en muchos países de Europa flexibilizaran su postura para dejar entrar a migrantes que estaban en sus fronteras y apoyarlos en esta situación sin precedentes desde la segunda guerra mundial. Ni siquiera las migraciones de Europa Oriental a Europa Occidental de principios de los años noventa fue tan grave ésta.

Entre los inmigrantes hay sirios, hay libios, eritreos, somalíes, sudaneses, africanos subsaharianos, y bangladesíes. Cientos de miles han llegado y muchos han muerto en el intento, en especial quienes han ido por mar. En 2014 se calcularon cerca de 3 mil 300 muertos y en lo que va de este año van más de 2 mil 300.

Un elemento común en los países que están expulsando migrantes son las guerras internas por el poder, muchas de ellas recrudecidas a partir del año 2011 en la “primavera árabe”, cuando surgieron movimientos sociales para terminar con dictaduras que tenían cerca de 40 años en el poder.

Por citar algunos casos, en el 2011 gobernaba en Libia Maumar el Gadafi, que había llegado al poder en 1969. En Egipto gobernaba Hosni Mubarak, quien ya era muy cercano al gobierno desde 1973. En Túnez, gobernaba Zine El Abidine Ben Ali, desde 1975. En Siria gobernaban desde 1970 los familiares del actual presidente Bashar al-Asad. En todos estos países, en el año 2011.

Otro elemento común de estos países es su ubicación geopolítica, en las costas del mar Mediterráneo; cuentan con petróleo, en especial Libia y Siria,  y algunos son pasos importantes para el tráfico de mercancías. Todo esto ha hecho que países como Estados Unidos, Rusia y China estén tomando parte en los conflictos apoyando a alguna de las partes.

Para agravar las cosas, en 2014 surgió el movimiento conocido como Estado Islámico, que es un grupo musulmán de estilo “yihadista”, es decir, partidario de imponer su religión en forma violenta, dirigido por Abu Bakr al-Baghdadi, quién se ha autoproclamado «califa de todos los musulmanes». Este movimiento se inició en Irak, ha convocado a los musulmanes de todo el mundo y se está expandiendo principalmente hacia Siria, Jordania, Turquía y varios países de África invadiendo ciudades destruyendo a su paso todo lo que se les oponga.

Algunos analistas políticos consideran que las causas del problema migratorio son la corrupción, la desigualdad, la pobreza, la persecución política, y la violación de los derechos  humanos de los regímenes autoritarios.

En mi opinión, además de lo anterior, el origen de ese y muchos conflictos es también que millones de seres humanos favorecemos la existencia de estilos de vida con demasiado interés en nosotros mismos y poco interés por los demás; estilos de vida que implican alto consumo de productos como el petróleo, el gas y muchos otros,  pero no nos involucramos en asuntos sociales o políticos para procurar que el aprovechamiento de esos bienes se realice en paz y con orden, sin tener que recurrir a la violencia para controlar las fuentes de riqueza.

Todos podemos hacer algo ante los problemas de pobreza, desigualdad, migración forzada y violencia en todo el mundo. El primer paso es analizar nuestras capacidades e intentarlo.

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