Netflix y el cine mexicano de exportación

Juan Manuel Badillo

En la primera semana de agosto, el viernes 7 del mes para más señas, Netflix lanzará la primera serie mexicana producida por esta empresa con sede en Estados Unidos: Club de Cuervos de Gary Alazraki y Michael Lam.

Se trata del primer proyecto nacional que llegará, simultáneamente, a 21 países donde tiene presencia la plataforma digital que se ha hecho famosa por sus series televisivas.

Es también del primer producto local audiovisual que contará con un lanzamiento continental y más allá, con tarducción a varos idiomas.

Se trata de un cine mexicano para televisión concebido para cruzar fronteras, sin problemas de lenguaje ni localismos culturales, dijo el productor Leonardo Zimbrón.

“Siempre la idea de exportación es básica, no podemos no pensar en otras audiencias, rara vez hacemos productor localistas”, dijo.

Club de Cuervos es la primera serie para televisión de Alazraki, hijo del conocido publicista Carlos Alazraki. El cineasta es también el director de la segunda película más taquillara de 2013, Nosotros los nobles, desbancada sólo por No se aceptan devoluciones de Augenio Derbez.

La historia tiene que ver con una familia en disputa por una herencia y la muerte de un empresario, dueño de equipo de fútbol. El actor Daniel Giménez Cacho y Luis Gerardo Méndez tiene los papeles principales, junto con Sofía Sisniega y Mariana Treviño.

Fútbol, humor y familia son los ingredientes principales en Club de Cuervos. Tres valores universales para un espectador promedio.

Zimbrón prometió que será un cine para televisión con la calidad similar a serie de Estados Unidos o de cualquier otra parte del mundo.

Hace una semanas, el presidente y director de la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica y del Videograma (Canacine), José Leonardo Martí y Agustín Torres Ibarrola, respectivamente, hablaron de un cine mexicano que pudiera viajar por el mundo, como lo hizo en algún momento de la historia de la cinematografía nacional, en los años 40 para ser precisos.

Señalaron el éxito de No se aceptan devoluciones de Augenio Derbez. 600 millones de pesos sólo en México y ser la película de habla hispana más vista en Estados Unidos.

Los empresariso dijeron que “si se puede”, que “tenemos con qué”, y que ya basta de hacer cine sólo para los mexicanos.

Se citaron casos de éxito en 2014 como Guten Tag Ramón de Jorge Ramírez Suárez, coproducción entre México y Alemania, con temática binacional, comprensible para un europeo y para un mexicano de Ecatepec.

Casos taquilleros como Cantinflas, de Sebastipan del Amo, biopic sobre el Mimo de México, que viajó sin problema por el país y Estados Unidos, excepto en España donde no tuvo un estreno en salas, a pesar de tener como actor principal al hispano Óscar Jaenada.

Los directivos de la Canacine concidieron en que el cine nacional está listo para ser un producto de exportación y que en ese sentido deben trabajar cineasta, productores y escritores.

Productores como Billy Rovzar se sumaron a la consigna por un cine mexicano que ya no sea “tan mexicano” y preparan el lanzamiento de la saga de Kilómetro 31 de Rigoberto Castañeda, thriller de suspenso con un plan de lanzamiento internacinal.

En este afan expansionista de un cine nacional se han citado también los premios Oscar para la película Grávity de Alfonso Cuarón y las estatuillas doradas que conquistó Birdman de Alejandro González Iñárritu. Se habla y mucho del cineasta mexicano más universal de todos, Guillermo del Toro y del mejor fotógrafo de cine del mundo, el mexicano Emmanuel Lubezky.

Se han hecho fiestas para reconocer a los mexicanos que han hecho historia del festival de cannes, como Michael Franco y Amat Escalante, entre otros.

Pero hay también sectores radicales, para quienes que el cine de los “Tres amigos” (Cuarón, Iñárritu y del Toro) no es mexicano, que es cualquie otra cosa. ¿Quién los entiende? FIN

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