Naturaleza del instante

José Sobrevilla

"La vida corre al ritmo de las conmociones de la naturaleza"

Su etimología viene del griego phos (luz) y graphis (escritura), por eso fotografía significa escribir con luz, algo que desde varios años ha hecho Norma Patiño con esa sensibilidad que ahora atrae las miradas de los transeúntes en la estación La Raza (Línea 3) del metro de la Ciudad de México, en su exposición Naturaleza del Instante, que estará desde el 23 de abril hasta el 20 de junio, y que la veda electoral impidió inaugurar formalmente.

“El retrato es una puesta en escena, una construcción donde el retratista es el director que sabe lo que quiere capturar y lo busca, lo seduce hasta lograr contagiar sus emociones”, ha dicho a propósito de Diálogos de la Mirada, editado por la UAM Azcapotzalco.

Pacientes, entre el andar y la prisa de los usuarios, fijas detrás de un cristal, las imágenes ven el pasar de los viandantes quienes, los que se dan tiempo, las recorren ausentes de apuros, y los que no, con el rabillo del ojo, al menos, miran las olas, cascadas y esa espuma que produce el agua al golpear la roca y que Norma Patiño capturó para esta exposición.

“La vida corre al ritmo de las conmociones de la naturaleza. Es su atributo el movimiento, ciclo interminable como una turba que se aglomera en el paisaje como gotas que enuncian la infinitud del instante”, ha dicho la también maestra en Historiografía por la Universidad Autónoma Metropolitana, quien es doctorando en Diseño de Estudios Urbanos en la misma institución.

En las naturalezas de Norma Patiño, ha dicho el escritor español Eduardo Peñuela, la certidumbre de desaparecer es ominosa; la imagen que la cámara capta se queda separada de su realidad, pero preservando sus reminiscencias. “Estas fotografías tienen algo del sueño, porque las imágenes, aunque estén próximas a esa realidad, como ella quiere, se han separado y se han quedado solas, limpias, conservando, sin embargo, ese encandilamiento que se forja entre la luz y la sombra, entre la superficie de la lente y la cámara oscura. Mas se filtra en ellas el deseo de Norma de que no se queden solas y por eso su presencia femenina se adhiere a sus imágenes y se revela en ellas como si también fuese parte integrante del negativo”.

Conocida también por sus impecables trabajos de desnudo, la fotógrafa citadina nos ofrece ahora una serie de fotografías de sus recorridos en las cataratas del Río Niágara, en la zona noreste de América del Norte, en la frontera entre los Estados Unidos y Canadá, y las del río Iguazú, en el límite entre la provincia de Misiones y el estado brasileño de Paraná.

Nacida en la Ciudad de México, Norma realiza actualmente un doctorado en Estudios Urbanos sobre el manejo fotográfico de los medios de comunicación sobre el delito y la delincuencia. También estudia fotografía y fotorreportaje, iluminación para foto fija, cine y video en la Universidad del Claustro de Sor Juana, la UNAM, UAM-A y otros centros. Es profesora e investigadora, así como jefa del área de investigación Semiótica del Diseño en el Departamento de Evaluación.

La autora de Las costumbres del rostro (editado por la UAM-A, 2001) ha dirigido su trabajo alrededor de una relectura de los géneros visuales: el cuerpo, el retrato, la naturaleza muerta y el paisaje. Es autora de Retrato interminable, los creadores a través del video streaming, en el proyecto Investigación y Creación Intermedia, ICI, y La Trascendencia visible, en el área de Semiótica del Departamento de Evaluación en la UAM-A.

Ha participado en más de 60 exposiciones individuales y colectivas en diversos museos, galerías y universidades de México y otros países. Entre otras: Apariciones, Centro de Arte Bernardo Quintana, Universidad Autónoma de Querétaro, UAQ (2009); La piel de las horas, Museo de la SHCP, Antiguo Palacio del Arzobispado y Centro de Arte Bernardo Quintana, UAQ (2008); Sensible, Museo de la Estampa, Toluca, Edo de México (2007); Sensible, Galería La Siempre Habana (2006), por mencionar algunas.

 

 

 

Comentarios