Monumento a la perseverancia

Ana Patricia Fernández

Hoy, queridos lectores, viajaremos a través  de las palabras a un mundo nuevo, a uno lleno de magia y alucinaciones. Al escenario de los sueños de muchos quienes se dedican al fascinante mundo de los deportes, sobre todo el futbol. Cruzaremos un inmenso mar, lleno de las creaturas y bondades que nos regala ÉL más grande para llegar a Europa.

Este viernes, día en que por fin la semana culmina para muchos, o recién empieza para quienes nos dedicamos al deporte, ofreceremos estas humildes líneas a un hombre de esos que jamás se rinden, de los que sin importar la tormenta siempre tendrán la manera de salir a flote: Javier Hernández.

¿Quién pudo perderse de la obra maestra que “Chicharito” regaló a los aficionados del mundo entero esta semana de Champions? Y es que los dichos son sabios, bien dicen que del tamaño de tu esfuerzo será tu recompensa. Ese hombre, producto del semillero del Guadalajara, aquél del que hoy en día queda poco y nada, fue el que se enfundó en la gloria que representa la perfecta blancura de la casaca merengue para llevar al equipo de Cristiano Ronaldo a las semifinales de la copa más importante del mundo.

Porque siendo soldado, actuó como general, aquél que parece dócil y domable cuando se arrodilla al suelo, agacha la cabeza y reza desde lo más profundo de su ser al Dios que le protege desde lo más alto; pero que se convierte en la fiera más peligrosa cuando se encuentra frente al marco, la observa con furia, con coraje, con ganas insaciables de romper la red que le brindará la más pura felicidad.

Esta semana es completamente tuya, Javier. Tú primera oportunidad de titular y nuevamente estuviste en el momento indicado, en el lugar preciso, cada milímetro bien calculado por tu infalible olfato de gol que te persigue a cada rincón del mundo. ¡Sí!, ¡eres tú!, aquél niño de ojos verdes que creció entre la belleza tapatía, el que llevó al Madrid a una nueva aventura.

El éxito es completamente tuyo, Hernández. Ni de México, ni de Chivas, ni de nadie; solo tuyo.  Eres el reflejo fiel de que con esfuerzo y perseverancia los sueños se cumplen, las metas se alcanzan y el éxito llega. Eres quien nunca se cansó de intentar y de levantarse siempre una vez más que el número de caídas.

Gracias Javier Hernández por permitirnos vivir a los que no pudimos gozar las más grandes épocas de Hugo Sánchez, por regalarnos la emoción que provoca el simple rodar del balón, a través de la línea que demuestra que has vencido.

Aprendiste bien, “Chícharo”, bien de ese maestro que lo ha conquistado casi todo, y es que esta semana, verdaderamente el alumno superó al maestro. ¡Y qué maestro! Amo, dueño y señor de las canchas de Europa, Cristiano Ronaldo.

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