Mitos y realidades de la marihuana II

Guillermo Tamborrel

Decía yo en la primera parte de esta serie de Mitos y realidades de la marihuana que mucho se ha dicho y escrito sobre el tema. Se han vertido muchas verdades, medias verdades y también muchas mentiras que aún y cuando se digan con la mejor intención no dejan de ser mentiras, errores e imprecisiones. Casi siempre estas mentiras o errores se deben al desconocimiento de la naturaleza de la marihuana, de cómo sí afecta la salud de los consumidores y de las personas que los rodean, al desconocimiento de cómo y por qué se comercializa y se consume, etc., etc.. En otras ocasiones dichas mentiras, errores e imprecisiones, son expresadas como un llamado legítimo pero equivocado para abatir la narcoviolencia que tanto nos afecta. En otras simplemente porque sus autores piensan que al expresarse así, sin mayor análisis ni reflexión, se convierten en “progresistas, modernos, de avanzada y hasta personas cool”.

Mito 6: Si se legaliza la marihuana le quitaremos el mayor negocio a los cárteles y por lo tanto, podrán ser derrotados y desaparecidos. La legalización de la marihuana nos traerá paz y tranquilidad. La realidad es que los criminales no desaparecerán como tampoco la violencia y muertes que generan. Los criminales simplemente controlarán “el negocio” y suponiendo que se les acabe el negocio de la marihuana, se dedicarán a otras actividades ilícitas. Recordemos que cuando se incrementó el decomiso de drogas 2007/2008/2009 el secuestro de personas y otros delitos igualmente graves detonaron. Es decir, los grupos criminales suplieron los ingresos que les proporcionaba la venta de la droga decomisada cometiendo otros delitos. Además, los grupos criminales no compiten mediante promociones, descuentos o servicio como lo hacen las empresas (ejemplo: el súper y La Comer, Coca Cola y Pepsi Cola), los grupos criminales compiten por los territorios y los mercados a balazos y así lo seguirán haciendo hasta que la fuerza del Estado los detenga. En suma, la llamada narcoviolencia no desaparecerá con la sola legalización de la marihuana.

En este punto es importante poner sobre la mesa un aspecto que hasta el día de hoy ha sido prácticamente ignorado. Me refiero a la violencia que se genera al interior de los hogares cuando uno de sus integrantes agrede o violenta a sus familiares debido a la ingesta de una droga. Por ejemplo, las encuestas señalan que prácticamente la mitad de las mujeres son agredidas –físicamente, sicológicamente, emocionalmente o patrimonialmente- por sus parejas y diversas asociaciones de defensa de las mujeres me han hecho saber que en el 60% de los casos, es decir 30% del total (3 de cada 10 mujeres en México) el agresor está bajo los influjos de una droga, generalmente alcohol. Ante esto me podrán decir que la naturaleza de la marihuana es distinta y tranquilizante, sin embargo, no olvidemos que cinco de seis usuarios de marihuana también consumen otras drogas.

En este mismo aspecto señalo que me parece una agresión reprobable a la familia en su conjunto que el o la proveedora de bienes materiales gaste en drogas el dinero que se requiere para satisfacer diversas necesidades familiares. Por ejemplo, uno de cada tres alumnos que dejan la escuela manifiesta que lo hace debido a problemas económicos, por tanto, me parece lamentable que el proveedor, generalmente el papá, gaste dinero en pagarse “el vicio” y no en los útiles escolares o el transporte de sus hijos para asistir a la escuela.

Otra de las múltiples expresiones de la violencia que no ha sido debidamente valorada ni determinada es la que se refiere a los accidentes, tanto los accidentes ocurridos al manejar un vehículo como los ocurridos al operar ciertas maquinarias, originados por el consumo de marihuana y otras drogas. Esto debido a que es muy raro que se hagan exámenes toxicológicos a los conductores u operadores de maquinaria, sobretodo, si cuando al ocurrir el accidente el conductor no ofrece señales evidentes de estar intoxicado. Como lo mencioné en el artículo anterior, la marihuana –estrictamente el THC que es el elemento psicoactivo- permanece en la sangre del fumador hasta por 20 horas y en su cuerpo por una semana o más (ello debido a que es liposoluble) y que este compuesto –THC- altera la coordinación motora y la percepción de tiempo y distancia.

Estas son algunas de las expresiones de violencia que no han sido ni siquiera mencionadas en los diversos debates sobre la posible legalización de la marihuana.

Fuente de los Deseos: Ojalá que en el debate sobre la legalización de la marihuana se considere y valore las diversas expresiones de violencia que genera el consumo de la misma y no sólo la llamada narco violencia.

Continuará.

Ciudadano comprometido. @TAMBORRELmx [email protected]
 

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