Migración infantil y marginalidad

Norberto Alvarado Alegría

El fin de semana arribó a nuestro país el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado de la Santa Sede, para participar en los trabajos del coloquio sobre Migración Internacional y Desarrollo que organizan conjuntamente México y El Vaticano, así como para reunirse con el presidente Enrique Peña Nieto.

La visita del representante apostólico se realiza en medio de uno de los momentos más importantes de la historia contemporánea de la Santa Sede y del catolicismo, que encabeza el papa Francisco, quien ha iniciado una verdadera revolución al interior de la Iglesia católica, que incluye el tratamiento de temas con un alto contenido moral, que hasta hace algunos años eran tabú o prohibidos para la curia romana, como la homosexualidad, el aborto, la pederastia y el celibato sacerdotal, pero también otros más mundanos, aunque de corte eminentemente político como la reforma institucional de la Iglesia más poderosa del mundo occidental y la transparencia del banco vaticano.

Sin duda, la visita no es obra de la casualidad ni circunstancial, no es una visita de carácter religioso, sino una acción diplomática de gran calado que intenta reposicionar a la Santa Sede como un actor fundamental en los problemas que aquejan a grupos más vulnerables, primordialmente en América Latina, que hoy por hoy es la zona geográfica con mayor índice de católicos, que se ha vuelto una zona estratégica, frente a la apatía del ateísmo europeo, que ha convertido iglesias y catedrales en museos para turistas.

El tema que da origen al encuentro del diplomático es de la mayor relevancia para nuestro país, y no lo digo en sentido metafórico, sino en el contexto de una realidad social que cada día tiene mayores efectos. La migración de niños y adolescentes es producto de la desintegración familiar, de la falta de desarrollo, y de la asimetría social que a diario avanza a pasos agigantados; ya no es solamente la nota de los pueblos de estados vecinos, es una realidad en la gran mayoría de nuestros municipios y en la periferia de nuestras ciudades, basta darse una vuelta al semidesierto y a la sierra de Querétaro para darse cuenta de la desesperanza en que viven niños, jóvenes y ancianos. Ni azules ni rojos han sido capaces de promover el desarrollo económico y social de estas latitudes queretanas.

Pareciera que este tema —el de la migración— está de moda las últimas semanas en los medios y en las agendas de la política internacional, al menos continental; los movimientos migratorios, principalmente de miles de niños y jóvenes centroamericanos, entre los que se incluyen los nuestros, que buscan llegar a Estados Unidos, en búsqueda del ya trillado sueño americano, es más bien es una verdadera pesadilla, que pone a estos menores como centro de vejaciones, violaciones, abusos, violencia, corrupción y la pérdida de su dignidad.

La migración de niños, mujeres y ancianos que buscan cruzar la frontera norte del país no es un problema reciente, de hace un par de meses a la fecha, sino que lleva décadas presentándose ante nuestros ojos y acrecentando el escenario diario de localidades y ciudades como la nuestra. Querétaro es el paso obligado, cuántas veces los hemos escuchado; efectivamente aquí conectan las principales carreteras del país, es un punto fundamental en la logística y distribución de productos y mercancías, pero también es el paso obligado de miles de migrantes, que cada día se muestran más en nuestras calles, y que poco a poco se confunden con la víctimas de la marginalidad que produce nuestra ciudad, a pesar de que las queramos ocultar con frases huecas y banales como que todo está bien bonito.

No debemos olvidar que la ruptura social se acrecentó en los dos últimos sexenios federales de origen panista, que se desmanteló el Estado, y que se condenó a los sectores sociales menos favorecidos, a desaparecer en medio de la marginalidad de pueblos fantasmas y asentamientos irregulares; los niños y jóvenes migrantes de hoy, son el producto de las malas decisiones políticas del pasado reciente, de la política hueca de mercadotecnia y reflectores que lamentablemente impera también en Querétaro entre azules y rojos.

La política social, la justicia social y la democracia reclaman hoy su lugar en una realidad política, social y económica, que más que nunca las necesita.

Abogado y consultor de empresas

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