Migración e independencia nacional

08/02/2020
07:14
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La cuestión migratoria esta en el centro del debate nacional tanto en México como en los Estados Unidos. Nosotros debiéramos tomar el partido que coloca por delante los derechos humanos con énfasis y determinación, ello implica en la teoría, en la ley y en la práctica afirmar con mayor vigor y congruencia el papel que nos corresponde en este debate. Los estadounidenses no pueden llamarse a engaño porque hace cuando menos 50 años que hemos postulado tanto las fronteras abiertas para nuestros connacionales, como la defensa de sus derechos en la residencia que han escogido fuera de su país.

Curiosamente la xenofobia y el racismo de Donald Trump han puesto en el primer plano la ecuación demográfica entre el sur y el norte. Esta será sin duda una materia inescapable en la agenda del proceso electoral que se inicia en ese país. Esperaríamos una reacción del candidato demócrata en sentido contrario. Dependerá del postulante el acento que quiera poner en este asunto, que no rebasará presumiblemente los límites marcados por los complejos de la población blanca. La discusión debiera darnos armas para la batalla histórica en la que estamos empeñados.

Pienso que según las reglas del ajedrez podríamos adelantar nuestras piezas cobrizas mientras se desenvuelve –al más alto nivel- la discusión en el país vecino. Es la razón principal por la que he extraído de mi arsenal migratorio un proyecto de reforma al artículo 11 constitucional que en su primer párrafo sostiene una tesis consistente en el “derecho de gentes”. Esta disposición se encuentra subordinada a las facultades de la autoridad judicial en los casos de responsabilidad “criminal o civil”.

Sin embargo, abre la puerta para que las autoridades administrativas establezcan “las limitaciones que impongan las leyes sobre emigración, inmigración y salubridad general de la República”; lo que hace posible la cancelación legal de los derechos que la propia Constitución concede. Esta contradicción ilustra el análisis que he hecho durante muchos años entorno al carácter radicalmente contradictorio de nuestra Carta Magna.

Postulamos asimismo que “toda persona tiene derecho al asilo” por razones políticas e ideológicas, así como al “reconocimiento de la condición de refugiado por crisis humanitarias”; razón que explica los motivos de quienes, en su gran mayoría, ingresan por el sur a nuestro territorio. Negar este derecho, como exigencia abusiva del gobierno de Trump, significaría clausurar nuestra independencia.

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