México paralelos

Las mexicanos somos más ciudadanos del mundo y éste se enriquece gracias a nuestra participación en iniciativas energéticas, científicas y sociales
04/12/2018
11:18
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En repetidas ocasiones he mencionado mi particular interés y gusto por la ciencia ficción, por la manera en que se involucra la tecnología en la descripción de escenarios y realidades muchas veces presentes en el día a día y otras tantas descritas como sueños o quizá anhelos disfrazados de relatos a veces inconexos. 

Para este martes #DesdeCabina quiero viajar algunos años para describir o “imaginar” a dos Méxicos, uno es el que deseamos todos y otro al que tememos muchos. Ambos países probables, realidades cercanas o lejanas, el tiempo y la historia lo podrán confirmar.

El primer México es uno donde el populismo se ha apoderado de las calles, un país donde las decisiones son tomadas por unos cuantos -con o sin “consultas”-, donde el poder se ostenta bajo la antorcha de la justicia social y el beneficio de la mayoría, donde las banderas de la lucha contra la corrupción y la violencia justifican todo y resuelven poco, que abogan por esa honestidad que tanto cuestiona a la clase política, pero que trastoca la confianza internacional en la nación que se visualizaba como una economía de élite, de trascendencia para la realidad mundial pero sobre todo para una gran mayoría de ciudadanos ausentes de la política pero ávidos de realidades que presumir en sus más íntimos círculos. Ese México “presume” de suficiencia energética, alimentaria y comercial, pero de poca trascendencia tecnológica, científica y educativa; esa realidad nacional exhibe programas sociales asistencialistas que más que transformar una realidad, confirman su permanencia en ella, realidad que parece ser solo percibida por aquellos ajenos mas no por los propios que admirablemente aún siguen creyendo en la transformación prometida. Esa realidad atenta contra la democracia que la llevó  al poder, pero que hoy le cuestiona la continuidad y veracidad de su pertinencia política y social.

El otro México, en esa realidad paralela, es uno donde el gasto público esta justificado ampliamente ya que ha transformado la realidad de las mayorías mediante el desarrollo de capacidades de alto valor agregado en una multitud de ámbitos y escenarios, pero sobre todo en el que el asistencialismo es un medio temporal, más no un fin permanente que arrobe a las mayorías. Nuestro país goza entonces de una credibilidad ganada gracias al ejercicio equilibrado de los poderes que lo exhiben como una de las mejores repúblicas del planeta, pero sobre todo donde las minorías son escuchadas y participan, más que con protestas o plantones, en las decisiones trascendentes en un gobierno cercano y sensible. México cuenta con una visión concreta y fehaciente que lo posiciona como una nación trascendente cuya población no solo seguirá orgullosa de sus raíces sino que comparte dicho orgullo y buenas prácticas con más países del continente. México es una nación generadora de conocimiento y abiertamente colabora en los temas de relevancia global. Los Mexicanos somos más ciudadanos del mundo y éste se enriquece gracias a nuestra participación en iniciativas energéticas, científicas y sociales. México es admirado y emulado en múltiples latitudes, pero sobre todo es una nación incluyente y justa donde el estado de derecho dejó de ser un discurso político para convertirse en una realidad que todos, de lunes a domingo, viven en las calles y en cualquier rincón de nuestra nación.

Ambas realidades son posibles. Prefiero ésta última; elijo imaginar este México que he vivido muchos días de mi vida; decreto vivir ese México paralelo cuya realidad es más cercana y cuyos resultados me han comprometido durante más de una década. Escojo esta realidad en la que he participado y con la que la nueva administración federal seguramente se comprometerá.

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