México, ¿cerrado al mundo?

Arturo Maximiliano García

Mucho se habló en los ochentas de que México era una economía cerrada hacia el resto del mundo. El gobierno se tomó muy a pecho esa situación, volviendo a nuestro país en el que más tratados comerciales tiene con el resto del mundo, eliminando barreras comerciales para importar y exportar bienes a las naciones con quienes se tienen hoy tratados comerciales. La semana pasada nuestro país se abrió más al mundo firmando el Acuerdo de Asociación Transpacífico, por sus siglas en inglés TPP.

Durante los años cuarentas a los setentas en el siglo pasado, nuestro país vivió una política comercial de sustitución de importaciones, donde casi todo bien debía producirse en México. Las políticas de sustitución de importaciones consistieron básicamente en 3 acciones:

1) Se elevaron las restricciones vía cuotas de importación, estableciendo un máximo de unidades de los bienes que podían entrar al país.

2) Se establecieron aranceles que son impuestos a la importación.

3) Para algunos bienes las fronteras de nuestro país se cerraron por completo.

Sin embargo la política de sustitución de importaciones era un espejismo ya que los bienes intermedios y maquinaria necesaria para la producción nacional era finalmente importada.

Más aún, se generaron políticas de proteccionismo para empresas nacionales a quienes se les dejaba operar como monopolistas bajo el argumento que requerían de esta protección para consolidarse, dando lugar a que los males de todo monopolio se materializaran, baja productividad y precios altos en perjuicio del consumidor.

Entre empresas privadas y del Estado, estas no fueron capaces de producir lo que se necesitaba e incluso lo hacían a precios elevados y con mala calidad, comparado con un mercado donde hubiera una mayor apertura a las importaciones.

Finalmente los primeros pasos fueron tomados por el presidente Miguel de la Madrid quien concretó el ingreso de México al GATT, organismo de comercio multilateral que dio origen a la Organización Mundial de Comercio. La entrada de México al GATT fue el principio de una serie de concesiones recíprocas del gobierno mexicano con las otras naciones integrantes en materia de apertura comercial de nuestras fronteras, a cambio de tratamiento similar para nuestros productos con los nuevos socios comerciales.

El GATT fue sólo la punta del iceberg. Pocos años después el presidente Salinas iniciaría las negociaciones para el proyecto de apertura comercial más ambicioso del mundo, el Tratado de Libre Comercio para América del Norte, que creó en su momento el mercado más grande del mundo, eliminando barreras comerciales entre gran cantidad de bienes producidos dentro de esta zona del norte del continente americano.

El gobierno del presidente Zedillo no se quedaría atrás y firmaría un acuerdo político, económico y de cooperación con la Unión Europea. Al día de hoy, de acuerdo con la Secretaría de Economía, México cuenta con una red de 11 Tratados de Libre Comercio con 46 países y 32 Acuerdos para la Promoción y Protección Recíproca de las Inversiones con 33 países.

A estos tratados y acuerdos se le sumó la semana pasada el TPP donde después de cinco años de negociación Japón, Brunéi, Chile, Nueva Zelanda, Singapur, Estados Unidos, Australia, Perú, Vietnam, Malasia, Canadá y México conformarán una zona comercial de 800 millones de habitantes que representa el 40 por ciento del producto interno mundial.

Si bien las negociaciones no empezaron en este sexenio, lo cierto es que ha sido el equipo encabezado por el secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, quien se anota un gran éxito en materia de política comercial para nuestro país y por supuesto para el gobierno federal como negociador. Para los exportadores mexicanos puede representar alternativas sin precedentes en diversos sectores encabezados por el automotriz, donde México es una potencia global.

Nuestro país ha dejado de ser una economía cerrada al resto del mundo para convertirse quizá en la más abierta en cuanto a intercambio de mercancías con otras naciones. No cabe duda que la apuesta tiene sus riesgos, algunos sectores nacionales se verán afectados por la competencia de cada vez más productos importados pero hoy parece ser que esta decisión es indispensable para empujar el crecimiento de una economía que pareciera estancada esperando decisiones como esta. En hora buena y a competir.

Abogado con maestría en Políticas Públicas. @maximilianogp

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