México: ayer y mañana

Arnoldo Kraus

Esta noche sabremos quién será el presidente. Terminaron las campañas, las noticias falsas, los asesinatos de candidatos y los debates sin debate

Para Gonzalo Hagerman, con profunda admiración.

Esta noche sabremos quién será el presidente. Terminaron las campañas, las noticias falsas, los asesinatos de candidatos y los debates sin debate. Iniciará una nueva etapa y seremos testigos de nuevos comentarios, promesas, ofrecimientos y, para quienes votaron con convicción y conocimiento, de una nueva época.

México hoy es México ayer. ¿Cuál es el problema más acuciante al momento de elegir? Depende desde dónde se responda. Corrupción, pobreza, falta de trabajo, narcotráfico, impunidad, migración obligada… Las lacras anteriores, aunque no cumplan los criterios estrictos de epidemia, son epidemias mexicanas. Rudolf Virchow, médico y politólogo, afirmó: “Si la enfermedad es una expresión de la vida del individuo bajo condiciones no favorables, las epidemias son indicadores de alteraciones en los grupos humanos y en la vida de las personas”. Pobreza/mal gobierno, corrupción/gobierno, narcotráfico/gobierno son herencia y presente de las epidemias mexicanas.

Los números, a menos de que los manipule el gobierno, no mienten. Algunos datos sobre la pobreza como muestra del desempeño de los gobiernos previos y el actual: 1) En 1960 había 50 millones de habitantes. En 2017 somos 132 millones; 2) En 2016 el número de pobres osciló entre 54 y 62 millones, y el número se incrementó durante el sexenio que hoy finaliza. En l960 la mitad de la población vivía en situación de pobreza (25 millones). Aunque el porcentaje sea similar, el número de pobres es más del doble: en extrema pobreza perviven 10 millones; 3) Siete millones de personas sufren pobreza alimentaria; se calcula que cada día fenecen 25 personas por hambre; 4) Un millón 200 mil niños padecen desnutrición crónica. En zonas indígenas, uno de cada tres habitantes padece desnutrición y 80% vive en situación de pobreza; 5) Aproximadamente 22 millones carecen de agua potable y la vivienda de 36 millones no es adecuada (no es digna).

Otras variables contribuyen al desaseo del país. Se ignora cuántas personas se dedican al narcotráfico; no contamos con datos fidedignos del número de migrantes que atraviesan la frontera a EU; no hay datos precisos del número de menores que interrumpen los estudios; no se sabe cuántos menores trabajan; se ignora el número de desaparecidos y se desconoce la cifra precisa de desplazados.

En épocas de noticias falsas, las epidemias mexicanas importan. Mentir desde el púlpito presidencial o desde las casas de gobierno es, en México, norma y realidad. Jean Cocteau nos retrata: “Un vaso medio vacío es también uno medio lleno, pero una mentira a medias de ningún modo es una media verdad”.

Escribo sin conocer el resultado de la contienda por la Presidencia. Es costumbre repetir —México es un país costumbrista, han dicho los lectores de Kafka— que nuestro país aguanta. Y es cierto: aguanta. La pregunta es hasta cuándo lo hará. El tejido social se encuentra desgastado. Las diferencias, en todos los rubros, aumentan año tras año. Las cifras alegres del gobierno nada tienen que ver con la realidad de las epidemias mexicanas. Injusticia, pésima distribución del ingreso, educación dispar y pobre en zonas pobres, magra creación de empleos, servicios de salud precarios para la mayoría y viviendas indignas son legado de los gobiernos previos y corazón de nuestras epidemias. Es imposible predecir cuándo “se toca fondo”. Los números anteriores y las epidemias mexicanas recuerdan una realidad brutal, la del México de ayer, la del país del PRI y del PAN.

Ignoro quién es el nuevo presidente. Estoy seguro —me queda una dosis de ingenuidad y esperanza— de que no podrá ser peor que los anteriores.

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