Mesura ante las encuestas

Juan José Arreola

Las encuestas se han trastocado porque se han utilizado como herramientas político-electorales.

¿Cuál es el objetivo de las encuestas sobre preferencias electorales? Científicamente, su finalidad se limita a informar eso, las preferencias de una muestra de la ciudadanía en el momento de su realización. Es erróneo, por consecuencia, pensar que anticipan la distribución de la votación o vaticinan las orientaciones del voto.

Las encuestas se han trastocado porque, más allá de éste, que es su objetivo científico, se han utilizado (y se sigue haciendo) como herramientas político-electorales.

Hay quienes han pretendido sembrar entre los ciudadanos que los resultados de las encuestas vaticinan, por sí mismos, lo que sucederá el día de la elección. O, por el contrario, quienes han recurrido a su descalificación —acusando que fueron preparadas o están alteradas— para reducir el impacto de sus resultados.

La realidad es que las encuestas, sobre todo en el ámbito electoral, son instrumentos que no tienen capacidad predictiva, que enfrentan los errores propios de la selección de la muestra y, por supuesto, no reflejan la decisión inquebrantable e inamovible del ciudadano que fue entrevistado.

Es muy claro que, desde el momento en que es entrevistado hasta el momento en que sufragará o decida no ir a votar, lo dicho por el ciudadano en la encuesta tiene posibilidad de ser cambiado.

Hay que considerar también los errores en las estimaciones por encima de los tres puntos porcentuales en su desviación media, a pesar de que el estandar estadístico es de 1.5 por ciento.

Encuestas politizadas. Los medios de comunicación han sido actor principal para fomentar la cultura de las encuestas en México y de crear la idea de que estos instrumentos científicos tienen capacidad para predecir lo que sucederá el día de la elección. Esta cultura ha causado que, casi de manera regular y después de cada proceso electoral, surjan acusaciones condenatorias a las encuestas por no haber acertado el resultado o, por el contrario, el festejo de que “ahora sí le atinaron”.

Ambas conclusiones me parecen injustas, pues parten de la visión de que son instrumentos para predecir el resultado de los comicios.

La otra cara de la moneda tiene que ver con el efecto político electoral que esta cultura fomenta entre los contendientes y los simpatizantes de estos contendientes.

Cuando uno de ellos se mantuvo con regularidad en primer lugar en las encuestas a lo largo de la campaña electoral y resulta que no es el triunfador el día de los comicios, en automático se recurre a esas encuestas para “demostrar” que iba a ganar y, como no sucedió así, clamarán la existencia de fraude electoral.

Lo que viene. En febrero de este año, el director general de Consulta Mitofsky, Roy Campos, fue entrevistado por un reportero del portal www.actualidad.rt, a quien aseguró que, en una contienda electoral tan importante como la mexicana, “las fake news y las fake polls van a prevalecer. Y eso no es lo más preocupante —argumentó—: el ciudadano común y corriente las va a creer”.

Roy explicó que este fenómeno es altamente probable porque “los mexicanos no quieren estar realmente informados, más bien desean sentirse informados con todos los medios y elementos posibles, aunque éstos no sean verídicos”.

Éste es el escenario más conflictivo y grave que pudiéramos enfrentar horas después de las elecciones: que una gran cantidad de mexicanos crea que su candidato debía ganar porque se “informaron” mediante fake polls o creyeron “a pie juntillas” que las encuestas estaban prediciendo el resultado.

En los medios de comunicación hay una responsabilidad para combatir este fenómeno engañoso —que ya asumieron desde los comicios anteriores las casas encuestadoras— de advertir a sus lectores, audiencias y escuchas que las encuestas no deben considerarse como un vaticinio de lo que sucederá.

Y qué mejor sería que las mismas encuestas no sean, “en automático”, las notas principales o destacadas. Más positivo aún sería que las encuestas en sí no fueran “la nota”.

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