Menos pluris, ¿menos mujeres?

Luis Octavio Vado Grajales

Aquí lo que debe evaluarse es si la desaparición de plurinominales traerá beneficios económicos mayores que las posibles consecuencias políticas negativas.

Los legisladores plurinominales no le gustan a casi nadie. En primer lugar, es difícil entender su forma de elección, en segundo lugar se creen innecesarios, en tercero, cuestan. Y para colmo, parece que la razón por la que nacieron ha dejado de tener validez.

Así que en todos los colores del espectro político encontramos propuestas para su eliminación. Y pocas (si es que alguna) voces que los defiendan.

Lejos de mi ánimo el querer cambiar el sentido de la marea. Pero habiendo nacido cerca del pueblo de Contreras, en ocasiones me da por buscarle el lado opusto a las creencias populares, y respecto de los espacios plurinominales hay algo que honestamente me preocupa.

Debo reconocer que, si bien la razón que los originó en México probablemente ya no se sostenga (abrir el sistema político a la participación de los partidos no oficiales), sí cumplen una función relevante, que consiste en igualar lo más posible la integración de las cámaras y los ayuntamientos a la votación real; esto es, que las opciones políticas tengan el mismo peso en la toma de decisiones que el que tienen en la sociedad. Esto me parece positivo, sobre todo en un país plural como el nuestro.

En cuanto a su elección, la realidad es que no es tan difícil de explicar: los plurinominales se eligen a partir de la votación que tienen los partidos en una región, entidad o municipio. Son votos que van a los partidos porque lo que se busca es que sus propuestas e ideología se vean representadas en los órganos colegiados de gobierno.

El ahorro. Sin duda menos legisladores implican menos gasto, lo cual es un tema de relevancia y actualidad. Ahora bien, ¿la reducción del gasto es un fin en sí mismo? No, sino en tanto implica una orientación de los ahorros a otros fines que se consideran socialmente más valiosos. Aquí lo que debe evaluarse es si la desaparición de plurinominales traerá beneficios económicos mayores que las posibles consecuencias políticas negativas.

Apunto solamente una, que como he dicho me preocupa. Desde 2014 se ha incluido la paridad como un elemento constitucional en la integración de los órganos colegiados, lo que ha obligado a partidos políticos e incluso a candidaturas independientes a integrar en sus propuestas un número mayor de mujeres al que estaban acostumbrados. Creo valioso que así siga sucediendo.

Sin embargo, en la competencia en cada distrito o estado, bien puede suceder que ganen hombres, y que la mayoría de los puestos uninominales (por los que se vota directamente) de una legislatura lo ganen hombres. Imaginemos el caso de Querétaro, podría suceder (de hecho hace dos legislaturas así sucedió) que todos los distritos los ganen hombres.

Cuando se tienen curules plurinominales, se puede cumplir el mandato de la paridad asignando mujeres de las listas que cada partido haya registrado, a fin de que se consiga o se llegue lo más cercano posible. Sin embargo, si desaparecen los plurinominales, ¿cómo podrá corregirse el sesgo de género?

Desde luego hay diversas soluciones. Una es la que utiliza el Partido Laborista inglés, que en ciertos distritos postula exclusivamente mujeres; sin embargo el que se les postule no garantiza que ganen ¿Obligaríamos a que en ciertos distritos o estados todos los partidos postulen mujeres, y que solo las mujeres puedan competir en candidaturas independientes?

En todo caso, lo que me parece importante es que en las discusiones acerca de eliminar los espacios plurinominales, se incluya como parte del análisis el cómo se garantizará el mandato constitucional de la paridad. De otra forma nos podríamos encontrar con ahorros, pero con menos mujeres en la política.

¿Hay soluciones para combinar la eliminación de los plurinominales y mantener e incluso aumentar el número de mujeres en los colegiados? Supongo que sí, pero hay que encontrarlas.

 

 

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