25 / julio / 2021 | 13:27 hrs.

“Memorias de un hermano peregrino”

Miguel Servín del Bosque

A preparar todo, porque inicia la peregrinación al Tepeyac. Vamos con alegría a visitar a la Reina de México, la Virgen de Guadalupe. Sombrero, impermeable, los que puedan zapatos cómodos y los que no, los de uso diario, al fin y al cabo son los mejores; decía mi abuela: “Te quiero como mis chanclas viejas”, ¡qué razón tenía mi Mamá Nena!

Los equipajes a los carros, unos hermanos peregrinos los han dejado del año pasado, para evitar esos trámites, dicen ellos. Algunos peregrinos han pedido vacaciones, otros más se las toman sin permiso; al fin y al cabo “el patrón es re buena gente y sino buscamos otro trabajo”.

Unos se proponen ir por primera vez para cumplir promesas por favores recibidos, otros para solicitar la intersección de la Santísima Virgen María de Guadalupe por algún petición a Dios, otros más por costumbre de ir año con año. Al final es solo por el amor que se le tiene a la morenita del Tepeyac, la Reina de los Mexicanos.

Los peregrinos y peregrinas más consientes realizan actos de contrición y buscan a un sacerdote para hacer una reconciliación mediante una buena confesión e iniciar una faena de camino al Tepeyac en gracia, lo curioso es que cada año aparecen personajes públicos que lo que buscan es solo tomarse la foto y aparentar que son parte de esta hermandad peregrina; un afán de protagonismo digno de la miseria humana, la verdad no se puede ocultar, todo mundo se da cuenta y como si no existieran no les dan importancia.

Ya se sabe en qué grupo toca a cada hermano, ya tenemos el gafete de identificación y sabemos que tempranito a escuchar la Santa Misa, a recibir la bendición en el templo de la Congregación, e iniciar el caminar. Saludamos a los amigos que vemos cada año, “Hola hermano”, “Buenos días hermano”. El hermano que resguarda el orden invita a caminar en grupo, a no adelantarse y mantenerse en la fila.

Se siente el fresco de la mañana al iniciar el andar, llega el olor a tamales y atole. Los altavoces empiezan a entonar cantos y el primer rosario. Caminando vemos alejarse de la ciudad y sin sentir se llega a Cuesta China, para mí el tramo más pesado. Quizá por la falta de ejercicio, un muy mal hábito, o por lo prolongado de las pendientes.

Primer descanso, a reposar un rato. Hidratar el cuerpo es necesario, unos resienten en sus pies el usar calzado nuevo, son los novatos los que no han caminado esta ruta. Los veteranos ya saben y dicen: “es para calentar los pies”. Todos con alegría llegamos al primer destino: Pedro Escobedo.

A buscar donde pasar la noche, unos prevenidos ya saben a dónde llegar. Otros con mayores recursos regresan a pernoctar a casa y se incorporarán al día siguiente muy temprano.

A eso de las cuatro de la mañana pasan los carros con alta voz despertando a los hermanos peregrinos, los de los primeros grupos se alistan presurosos y más si llevas el estandarte. Los que les ha tocado lo últimos grupos pueden hacer un poco más de “sueño”, dicen algunos.

Estos días con lluvia se agradece, el calor es menos intenso. Los labios no se re secan por el sol y el andar es más agradable y tranquilo. No faltan los hermanos que se adelantan que quieren ir caminando por fuera del grupo, según ellos para avanzar más. Se llega al descanso donde se escucha la Santa Misa y unos hermanos aprovechan para una jugadita de fútbol.

En la llegada a San Juan del Río se juntan los hermanos peregrinos que días antes han salido de la Sierra Gorda Queretana, un gusto encontrar caras conocidas. Tradicionalmente aquí es el encuentro de las dos filas más grandes, otros los que vienen de Amealco se unirán más adelante. Mientras tanto a buscar un espacio donde pernoctar y esperar que en la noche no llegue la lluvia.

Siempre el compañerismo entre los peregrinos es notable, hay quien ha sufrido una infección intestinal, es incómodo y molesto, pero siempre está el buen samaritano que trae un botiquín que auxilia a quien lo necesita. Remedios para las ampollas no faltan y quien comparte sus alimentos y agua con los compañeros. En este ambiente de armonía se lleva a cabo la peregrinación a pie Querétaro al Tepeyac.

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